Ensayos

Fernando Castro Pacheco, registros de vida y obra

 

Francisco José Paoli Bolio

 

1. Escudriñar en la obra de Fernando Castro Pacheco

No puedo decir que les contaré mucho sobre la vida y obra del gran artista plástico de Yucatán, porque no las conozco con la amplitud que hubiera querido. Puedo decirles, sin embargo, que he oteado algunos acontecimientos y actos significativos de su vida. Y he disfrutado de un buen número de conversaciones con él y su esposa Blanca Sol, durante algunos años, lo que me ha permitido saber de su calidad humana, de su sensibilidad, de su amor por la vida y su clara preocupación por expresar la belleza con los recursos que le proporcionan sus sentidos, fundamentalmente la vista y el tacto, pero que sobre todo le dotan su espíritu afinado y perceptivo.

Uso el término otear porque me aproxima a la acción que este verbo realiza: escudriñar o mirar con cuidado. He tratado de hacerlo en primer término por el cariño y admiración que le tengo a este gran artista de Yucatán, nuestra tierra de nacencia y de compromiso. Se trata de un cuidado especial, como lo es el que sugiero a toda persona que penetre en los colores y formas que componen su vasta y variada obra.

La que ofrezco no es solamente una revisión visual y admirativa, sino que quiero -sin duda con pretensión excedida- sea una contemplación cultural e interpretativa. Recorro un poco las distintas especies de su obra que componen un conjunto diverso de expresiones y muestran un arcoíris de formas y colores, usando materiales y técnicas distintas. Lo hago porque Fernando Castro Pacheco es un artista polifacético que recorre una gama amplia de técnicas y realizaciones.

Aquí encontrarán pues, un breve perfil de la obra del artista. También incluyo datos de su biografía y otros que se remontan a hechos de la vida cotidianay de la historia de la Península de Yucatán. Y algunos más sobre la historia épica de México, como él los vio, imaginó y estampó en su obra plástica, muyampliamente en su pintura.

Fernando Castro Pacheco tiene una cuna humilde y un espíritu riquísimo con el que ve al mundo desde una perspectiva plástica de creación ágil y colorida. Es un ser humano que nace en un hogar con pocos recursos económicos, pero con una gran riqueza de aptitudes, imaginación y sueños bullentes. Este es un contraste vital que nunca lo abandona y que le proporciona impulsos con los que desarrolla una vida llena de actos creativos que brotan prodigiosamente de sus ojos y se plasman por obra de sus manos.Ojos que miran por dentro de las cosas y de los seres vivos. Manos que acarician, modelan y dibujan los materiales para darles una vida bella llena de significados. Y que dejan también planteadas interrogantes misteriosas.

En el desarrollo espontáneo de sus dibujos y modelados tempranos,Fernando descubre el sentido propio de su existencia y encuentra eso que llamamos vocación. Y también percibe claramente su propio gozo y el sentimiento que puede provocar en los otros sus semejantes, cuando hace uso de su intuición y les muestra, a través de la creación de objetos hermosos, lo que el ser humano puede hacer llevando la materia a sublimaciones y creando símbolos que contribuyen a la formación de la identidad individual y de pueblo. Supongo que todos los seres humanos podemos ser capaces de disfrutar la belleza de las cosas; pero hay algunos, muy contados, que pueden crear o recrear las cosas bellas, los paisajes, los rostros, las posturas, los movimientos, las actitudes, la danza y la meditación, la floración y los partos, la frescura fecunda de la lluvia, el vuelo prodigioso de las aves y el trino de los colores. Y claramente nuestro artista es uno de esos elegidos que muestran una sensibilidad superior y expresan con precisión y dulzura cromática esas circunstancias.

Fernando descubre, jugando, que el ser humano puede elevarse y convertirse en sujeto con derecho a admirar y con capacidad para elevarse por arriba de su condición animal, llenándose de ideas, de figuras, luces y perspectivas coloridas, que hacen a la vida agitarse con viveza y sorprendenairosamente al espíritu humano con impactos de la materia en los ojos. Él plasma desde muy temprano, con el dibujo manual que ha prefigurado los contornos en su interior y le permiten  mostrar de una manera única –original- la percepción del color y la capacidad de equilibrio que impone a su trazo. Fernando se sabe muy pronto uno de esos seres especiales, aptos para percibir la belleza de las cosas, de las personas y los paisajes y para proyectarla en sus obras.

Los actos y figuras que fueron expresados desde su perspectiva estética inicial, incluyen un dibujo nítido que va perfeccionando y redimensionando con el intenso y constante ejercicio. Y también la aplicación de los colores, luminosos y obscuros, claros y sombríos, según los van viendo sus ojos, su imaginación y sus sueños. Empieza la búsqueda de las expresiones estéticas de las que va apropiándose. Parte del dibujo, el modelado elemental de materiales y llega hasta los colores y su significado anímico. En su pintura encontramosno sólo los rostros cotidianos primero: los niños y los seres humanos jugando, cantando y posando para la obra del artista. Y después se adentra en los rostros de las personas, en sus emociones y actitudes y finalmente en los faces de la etnia y de la perspectiva de la historia propias.

 

2.  La formación del artista.

Nació en la blanca, verde y florida Mérida, Yucatán, el 26 de enero de 1918. Hizo en esa ciudad natal sus estudios de primaria y secundaria. Después, entre 1933 y 1938 realiza estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Yucatán, donde obtiene institucionalmente una primera formación básica que lo forma en los principios y orientaciones requeridos por un artista plástico para desenvolverse. Esa Escuela había sido fundada por el gobernador Salvador Alvarado en Mérida (1916). Posteriormente, se desempeñó durante algunos años como instructor en la Escuela de Arte Popular y trabajó como orientador de dibujo con niños en las escuelas primarias del Estado de Yucatán. Esas tareas en sus buenos tiempos juveniles le sirvieron para experimentar tempranamente sus propias capacidades. Y dejaron en él una preocupación profunda por la formación estética y plástica de los seres humanos.

Muy temprano había sabido que tenía aptitud para el manejo de las formas, los materiales y algunas de las herramientas con las que trabajan los artistas plásticos. Él se sabía un creador estético que se empezó preparar en conexión sensorial con su espíritu y en la intimidad de su casa. Fue una auto preparación casi instintiva e íntima en la que produjo, jugando, sus pequeñas esculturas y llenó cuadernos con centenares de dibujos. En la casa de sus padresdesarrolló precariamente pequeños proyectos e ideas conectadas con sus juegos de niño: teatros consus taquillas y lunetas; ruedas de la fortuna, carruseles con sus caballitos galopantes, figuras emblemáticas modeladas por su mano infantil. Él me mostró la figura diminuta del chacmol que conserva, durante alguna de nuestras largas y amables conversaciones sobre su vida y su temprana experiencia estética.

Durante su adolescencia y primera etapa juvenil, de los 15 a los 26 años, aprendió diversas materias en la Escuela de Bellas Artes[1] de su estado natal. Allí tuvo como instructor al artista italiano avecindado en Mérida, Alfonso Cardone[2], que era el director de esa Escuela cuando Fernando pasó esos años por allí. Cardone fue un maestro fundamental de escultura para Castro Pacheco. Este género y técnicas las transmitió bastante bien a nuestro joven artista, quien a lo largo de su vida ha realizado hermosas esculturas desde ese tiempo.

Entre sus maestros estuvieron también Ignacio Rubio Millán[3] y Modesto Cayetano[4]. A los 18 años, ya con alguna preparación empieza a trabajar paralelamente a la realización de sus estudios en Bellas Artes: imparte clases de dibujo en la Escuela de Arte Popular de Mérida y es también orientador de dibujo en diversas escuelas primarias del Estado de Yucatán.Durante esa época en la que fue orientador y profesor de dibujo, hizo sus primeras experiencias de grabado en madera y linóleo y años después se incorporó a la Escuela Popular de Artes Plásticas del Estado de Yucatán. Estuvo luego, durante ocho meses, en la Escuela Libre de Artes Plásticas, que tuvo que cerrar sus puertas porque le dejaron de llegar las aportaciones que el gobierno del Estado daba para su sostenimiento. Fernando trabajó entonces en litografías, grabados de gran tamaño y decoraciones murales para escuelas primarias y jardines de niños de su entidad.

A mediados de 1943 viajó a la Ciudad de México para presentar su obra en una exposición de pintura mexicana contemporánea. En esa exposición participaron artistas notables como Julio Castellanos, Agustín Lazo, Francisco Díaz de León, Roberto Montenegro, Víctor M. Reyes, Alfredo Gómez Vega y Salvador Toscano. Esos contactos le permitieron hacer relaciones y planear su incursión en la capital de la República poco después.

Vivió, se preparó intensamente como artista plástico y trabajó para instituciones que promueven el arte en la ciudad de México de 1943 hasta el año de 1970 en que inició su regreso a Mérida, para realizar su arte ya con plenitud en el dominio de la técnica de las varias facetas plásticas que ha venido desarrollando desde entonces.

 

3. La pintura.

El gran Leonardo Da Vinci, en su Tratado de la Pintura, nos dice que esa expresión artística “abarca el total de las diez funciones del ojo, esto es: la oscuridad, la luz, el cuerpo, el color, la forma, la ubicación, la lejanía, la cercanía, la moción y el reposo  (…) El ojo es quien guía la reflexión humana para la consideración de las cosas divinas (…) El ojo puede reproducir y recomponer formas perdidas, agrandando las que están en él mezcladas y reducidas a un pequeño espacio.”

Estos apuntes del maestro Da Vinci, que además de pintor fue un científico experimental autor de disecciones de ojos de animales y de seres humanos, nos permite apreciar mejor la obra de cualquier pintor y particularmente la de Fernando Castro Pacheco. Las luces y las sombras tienen un trato nítido y magistral en su pintura; el uso de colores que hace el maestro es frecuentemente original y atrevido, sobre todo cuando empieza a advertirse algunas influencias impresionistas y picassianas. Los últimos renglones de la cita de Leonardo, se refieren a la capacidad del ojo para reproducir y recomponer formas perdidas. Esta aptitud hace al ojo superior a una cámara fotográfica, que sólo puede reproducir, pero no recomponer imágenes.

Los ojos de Castro Pacheco están inmersos y se desenvuelven no sólo mirando los rostros, sino también las ideas, las creencias, las tradiciones, las costumbres y la vida cotidiana del pueblo maya mestizo de la Península de Yucatán. Los ojos tienen lentes culturales, que sirven para apreciar lo que vemos y sobre todo para recuperar y hasta recomponer formas, gestos, movimientos y danzas perdidas o que están en proceso de perderse o de desgastarse. Las imágenes de Castro Pacheco, tienen la enorme virtud de recuperar formas de la cultura y el ser de los mayas, porque el dibujo preciso que sale de sus manos, es orientado por sus ojos en un primer planoy por su cultura en planos e ideas que se pierden en la cosmogonía maya-mestiza de Yucatán.

A los veintitrés años practicó la acuarela exitosamente, descubriéndonos paisajes rurales de animales y campesinos trabajando la tierra, o marinos, pintando barcas y pescadores de la península de Yucatán.

Cuando Fernando Castro Pacheco sale en 1943 a la ciudad de México, tenía veintisiete años. Con el ímpetu, las ilusiones de esa edad y los contactos que hizo en la referida Exposición del año anterior, se dispuso a conocer con profundidad mayor la teoría estética que lo guiaría y las técnicas que le permitirían dar forma, color, volumen, luz y movimiento a su expresión artística. Este es el primer viaje de su odisea estética. En México cuando llegó a la capital de la República, corría el gobierno del general Manuel Ávila Camacho, y aún estaban frescos los acontecimientos y las ideas que caracterizaron la etapa en la que fue Presidente el general Lázaro Cárdenas del Río. No podemos olvidar que en aquel tiempo en se había privilegiado el tratamiento artístico de los pueblos indígenas y en general la importancia de la comunicación entre el gobernante y el pueblo. Parte fundamental de esa comunicación se hacía a través de la pintura y particularmente la que cubría muros de los edificios públicos y las escuelas, gracias a la visión de José Vasconcelos que desde los años veinte había abierto las puertas y los muros de la Secretaría de Educación Pública a los pintores emergidos de la revolución social.

También inicia su obra de caballete. Hay un cuadro que muestra claramente su capacidad para mostrar emociones: el abrazo. Esta pintura temprana, fechada en 1940, es decir cuando nuestro artista tenía veintidós años, abre el libro editado por la Universidad Autónoma de Yucatán y nos habla de esta aptitud fundamental de un artista, que no es meramente un reproductor, sino un creador. Las expresiones que pintan escenas amorosas de parejas en distintos momentos como el reposo de la siesta en la hamaca, o la interacción de la pareja, son muy reveladoras.

Ya residiendo en México Castro Pacheco conoce pintores y artistas plásticos como Carlos Alvarado Lang, Isabel Villaseñor, Gabriel Fernández Ledesma, Alfredo Zalce, Inés Amor y María Asúnsolo. Es contratado entonces como instructor para escuelas de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Entonces nos muestra en su pintura su exploración de paisajes con aliento impresionista.

En 1949 empezó a trabajar en una Escuela que fue fundamental en su consolidación como artista, La Esmeralda. Esta institución tenía como antecedente a la Escuela Libre de Escultura y Talla Directa, que se había formado en 1927 y se había alojado en el ex convento de La Merced en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La Escuela Libre pasó en 1942 a ser una dependencia de la SEP y de poco después data la contratación de Castro Pacheco en ella como instructor[5]. En 1946 la Escuela Libre se integra como una dependencia del Instituto Nacional de Bellas Artes y se llama entonces Escuela de Pintura y Escultura. Poco tiempo después de su llegada se prepara en esa Escuela el Plan de Estudios,incorporaba una serie de disciplinas como la geometría, el dibujo lineal y aéreo, la teoría de la composición, anatomía descriptiva historia del arte precortesiano, arte moderno americano, oriental, africano y europeo y dibujo del natural, que le dan una formación más sólida a los aprendices de las artes plásticas. En 1960, nuestro artista yucateco es designado Director de esa Escuela que, cuatro años más tarde, toma el nombre de Escuela Nacional de Pintura y Escultura “La Esmeralda”. Se impartían en ella talleres de pintura y escultura, y había también un laboratorio en el que los estudiantes se familiarizaban con los materiales que se utilizaban en la implementación de sus especialidades.

En octubre de 1954 el Suplemento Cultural del Diario del Sureste, fue dedicado en su totalidad a presentar la obra de nuestro pintor. Colaboran seis escritores en esa presentación: Antonio Mediz Bolio, Alvar Carrillo Gil, Honorato Ignacio Magaloni, Jaime Orosa Díaz, Antonio Rodríguez y Elmer LlanesMarin. Este conjunto de escritores deja ver diversos aspectos de su obra polifacética. El primero de ellos, considerado por muchos como el poeta y escritor mayor de Yucatán en el siglo XX, dice:

“A medida que sus ojos absorben las formas exteriores y su sensibilidad las transmuta en real y dominadora belleza, la ejecución de su obra sube cada vez a mayor altura, y a medida que van fijándose su sentido y su expresión en una inconfundible y recia personalidad propia, el joven maestro va encontrándose a sí mismo y las poderosas corrientes que, más o menos sujetas, comenzaban a moverse en su espíritu, ya se desbordan en anchos y transparentes raudales.”

A principios de la década de los sesenta nos muestra pinturas con clara influencia cubista y de inspiración picassiana. Castro Pacheco está experimentando los distintos estilos y técnicas, en una búsqueda que empezó realmente desde sus primeros tiempos infantiles y que no ha concluido nunca.

Tres años después de su nombramiento como director de La Esmeralda, Castro Pacheco viajó largamente por Europa, recorriendo museos, conociendo pintores y presentando su obra. Estuvo en España, Italia, Francia, Holanda y Bélgica. Él ya conocía mucha de la obra clásica de esos países, pero en ese viaje pudo apreciarlas directamente y conocer de los expertos europeos las interpretaciones de la obra de los grandes maestros de esa región.

 

4. Los Murales.

Castro Pacheco fue director de La Esmeralda consolidó, teórica, técnica y estéticamente su formación. Fue una etapa que duró doce años consecutivos, de 1960 a 1972. En este último año, al término de su gestión se trasladó a vivir a Mérida, después de haber tramitado su jubilación, se estableció en su ciudad natal. A su taller lo fue contratar el gobernador Carlos Loret de Mola (1970-1976), para hacer las pinturas de gran tamaño con las que se dotó al Palacio de Gobierno de Yucatán del llamado Salón de la Historia. Durante el siguiente período de gobierno del Dr. Francisco Luna Kan (1976-1982), Castro Pacheco concluyó los murales de ese edificio.

imagen3Sus murales de Palacio de Gobierno en Yucatánson para mí y para muchos que los contemplan, la puerta de entrada principal a la obra de Castro Pacheco, pero ciertamente no la única. Porque esta obra plástica tiene múltiples puertas y ventanas por las que podemos asomarnos.Especialmente se pueden ver en ellos rasgos de la cosmogonía y del panteón de los dioses a los que rendían culto los mayas yucatecos de las tierras bajas en la península de Yucatán. Algunos de sus murales figurativos más emblemáticos son los de la escalinata de Palacio en Mérida, inspirados libros como el Popol Vuh y el Chilam Balam de Chumayel. El primero como sabemos fue un libro sagradoque fue encontrado en Guatemala, tierra de los mayas de las tierras altas montañosas. El segundo es un libro encontrado en el poblado de Chumayel, Península de Yucatán y fue escrito por un chilam o sacerdote de ese pueblo[6].

Dice don Ermilo Abreu Gómez, que el Popol Vuh “es el libro indígena más importante de América”[7]. Este libro que es histórico y religioso, según nos refiere el delicado y profundo escritor yucateco, está inscrito en un clima legendario, donde los valores reales y los puramente imaginarios se confunden. Así pasa con la cromática que usa Castro Pacheco, los colores y las transparencias, las luces y las sombras, expresan, destilados por la sensibilidad ultraperceptiva del pintor, recuerdos cosmogónicos y días carnales, terrenos, vida y muerte, mundo e inframundo, tristeza y alegría, maíz de cuatro colores y de cuatro rumbos que crucifican la tierra, sacerdotes sabios, adustos, y un jaguar emblemático de fauces agresivas.

Pueden sentirse y degustarse en esos murales de Palacio, las esencias del ser y la cultura maya, en una versión luminosa que corresponde a la intensidad de la luz que refulge en nuestra amada península como en ninguna otra parte. Y esa luz deslumbrante y mágica la vemos proyectarse desde elElChilam Balam de Chumayel, traducido por Antonio Mediz Bolio, donde se refieren los cuatro puntos cardinales, cada uno de los cuales tiene un color: negro para el oeste, blanco para el norte, amarillo para el sur y rojo para el este. Este oráculo de los mayas de Yucatán recoge la versión que formula el Chilam de Chumayel, en el que se dice:

“La relación de la historia de esta tierra, en su tiempo, se hacía en pinturas: porque no había llegado el día en que se usaran estos papeles y esta muchedumbre de palabras; para que se preguntara a los antiguos hombres mayas si sabían cómo nacieron y cómo fundaron su tierra en esta región.”

salvadorEso es lo que hace en nuestro tiempo, en una nueva versión plástica que nuestro pintor realiza en el último tercio del siglo XX. En efecto, Fernando Castro Pacheco en los murales del Palacio de Gobierno en Mérida, pinta la cosmogonía maya, es decir, el origen del universo según lo recogieron los sacerdotes que sobrevivieron después de la conquista. Y así nuestro artista es un chilam cromático que vuelve a contarnos esa historia desde el principio de los tiempos mayas de la Península de Yucatán, recreándola con su pintura, mostrándola desde sus tiempos primigenios en la escalinata de Palacio, para ascender hasta un tiempo más cercano en el Salón de la Historia.

La pinturas de Palacio de Gobierno incluyen además de representaciones culturales mayas, escenas de la historia de Yucatán colonial, del auto de fe del obispo Landa y del indio rebelde Jacinto Canek. También se reproducen imágenes de la terrible y sangrienta guerra de castas, del sacerdote protector de los indios, Vicente Velázquez, de los grandes liberales de México y Yucatán, Benito Juárez y Manuel Cepeda Peraza, de los líderes revolucionarios, Lázaro Cárdenas, Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto. Y otro personaje fundamental de estas tierras está vivamente presente en esta gigantesca galería de Palacio: el henequén, que fue gloria y cruz de los yucatecos de varias generaciones.

Tengo la impresión de que en esta etapa muralista de Castro Pacheco, encuentra su estilo más propio. Retrata al ser humano universal, entrando por las figuras y los fenotipos de la cultura maya y las imágenes dramáticas del pueblo yucateco, trabajando en los henequenales, torturado como Canek, cuidando de los campesinos mayas como el padre Velázquez, reproduciendo la furia y la violencia  expresadas en la guerra de castas y tantas escenas como hay en el Salón de la Historia del Palacio de Gobierno. Encuentra entonces no sólo su estilo, sino la inspiración étnica y cultural de sus trazos, que lo acercan desde lo que son los hombres de su tierra hasta el hombre universal, que desea, ama, piensa, cree, trabaja, lucha y sueña, con y por los otros. Esta visión la hace posible nuestro artista mayor, de una manera estéticamente lograda, equilibrada, serena, madura. Es una búsqueda de trayectoria larga que va de su niñez al tiempo en que cumple su primer medio siglo en este mundo. Y es un tiempo que pinta su regreso a la amada Ítaca yucateca, a la Mérida Blanca y de luminosidades coloridas y fragantes.

Hay un libro fundamental editado por el propio artista, que nos habla ampliamente de esa obra[8]. Se trata de un trabajo hecho después de la restauración de los murales de Palacio de Gobierno en 2005. Dice en ese texto espléndido el poeta José Díaz Cervera:

“Para recuperar las certezas e incertidumbres de su tiempo, Fernando Castro Pacheco se convierte en un oficiante del color. En sus murales están la historia, el paisaje y el perfil doliente de los hombres de estas tierras…”[9]

Cancun08 048-SLa primera gráfica de la obra sobre Los Murales de Palacio de Gobierno, abre con dos imágenes de los hombres y las mujeres de maíz, a los que se refiere el Popol Vuh: en la primera hay una enorme mazorca de la que se advierte la figura de un ser humano que surge, etérea, como sublimación del grano fundamental de la civilización maya; en esta primera imagen de la presentación se incluye en el ángulo inferior izquierdo, la fotografía del pintor. En la segunda gráfica del libro está la diosa Ixchel, que tiene prominentes senos en forma de mazorcas, con una mujer del pueblo a sus pies, que la reverencia con los brazos implorantes. Hay que recordar que Ixchel es la divinidad femenina fundamental de los mayas; es la diosa del parto y la procreación, se identifica con la luna, es el personaje de las curaciones y de los tejidos que nos cubren y protegen. Esta figura emblemática es un anuncio de la mayor importancia que Castro Pacheco hace de su admiración, reverencia y amor por la mujer. Casi estoy seguro que la mayor parte de los lienzos pintados por este artista incluye,  o bien es exclusivamente sobre una mujer.

Mural DR_10Por la pintura de Castro Pacheco puede llegarse a los murales mayas de Bonapak (Chiapas) o de Cacaxtla (Tlaxcala). Obviamente propongo un proceso inverso al cronológico, porque los murales de esos sitios arqueológicos fueron primero. Pero no necesariamente hay que verlos primero y a lo mejor los de Bonanpak y Cacaxtla no los vemos nunca. Quiero hacer con este planteamiento una sugerencia: los interesados en conocer la pintura inspirada por la cultura maya pueden admirar primero los murales de Palacio en Mérida y después, si les pica la curiosidad, pueden ir a las zonas arqueológicas y hacer sus conclusiones comparativas. Eso fue lo que yo hice y creo que me salió bien. Es un procedimiento más accesible: las figuras en movimiento, el colorido intenso y prodigioso de los murales prehispánicos, los animales sagrados, los símbolos y los sacerdotes mayas, son los mismos en Bonampak y en Cacaxtla, que los que Castro Pacheco nos trae de aquellas épocas remotas, recreándolos que no reproduciéndolos. Ambos conjuntos de pinturas públicas, hechas para el pueblo, cobran el mismo sentido en los tiempos de las culturas mesoamericanas que en los trazos de nuestro gran pintor contemporáneo. Esa es la maravillosa operación que realiza el artista en el último tercio del siglo XX. Y lo sigue haciendo con su pintura, durante los tres primeros lustros del siglo XXI, como me consta.

En los murales del Palacio de Gobierno en Mérida encontramos además de la cosmogonía maya, retratos en gran tamaño de los líderes -nacional y local- del movimiento de la Reforma don Benito Juárez y el general Manuel Cepeda Peraza. Hay también una pintura alegórica del escudo nacional mexicano que retratan un águila feroz de mirada agresiva y las fauces de una serpiente mostrando sus letales colmillos y dispuesta al ataque. Está allí la historia ancestral y la reciente.

En los veinte murales de Querétaro, que pintó entre 1978 y 1979 y que también dieron forma y contenido a un “Salón de la Historia” como lo hicieron en el de Mérida, encontramos a Conin, emblemático líder indígena, a los misioneros y conquistadores de la región y representaciones pictóricas de la conspiración insurgente que condujeron el padre Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende y la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez. Encontramos otros pasajes de la historia mexicana además de la Independencia: Juárez, héroe fundamental de la Reforma, don Ezequiel Montes, gran jurista, legislador queretano que fuera Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Hay también murales dedicados al Porfiriato y la revolución maderista. Y aparecen dos figuras emblemáticas de la Revolución: don Venustiano Carranza, líder del movimiento constitucionalista que tuvo su mayor triunfo en la preparación de la Constitución, aprobada en Querétaro (1917) y Lázaro Cárdenas, el presidente de las grandes reformas sociales que impulsan al México moderno.

Para cuando Fernando Castro Pacheco pinta los murales de Querétaro, está terminando la década de los setenta del siglo XX y el artista ha alcanzado una madurez notable en su pintura con movimiento, un dominio del color y de la forma, que lo consagran como uno de los grandes muralistas de nuestro país.

Los murales de Querétaro, los hace Castro Pacheco a petición del gobernador  de esa entidad, Antonio Calzada, quien concurrió en 1977 al informe de Gobierno del doctor Francisco Luna Kan en Mérida. Y cuenta Calzada:

“Una vez que concluyó el acto oficial y solemne, el señor gobernador Luna Kan nos mostró una obra que parece ser indispensable que se realice en Querétaro el Salón de la Historia… Querétaro debe contar con un Salón de la Historia, porque indudablemente es la ciudad más rica en acontecimientos históricos.”

Y así el gobernador queretano dio instrucciones al Cronista oficial de esa entidad, para que visitara la ciudad de Mérida y conociera el Salón de la Historia que había pintado Castro Pacheco. La emoción del gobernador y el cronista queretanos, sintonizaron; coincidieron en que había que contratar al artista yucateco y llegar a un acuerdo con él para que pintara el Salón de la Historia de Querétaro, y su contenido que era básicamente un núcleo importante de imágenes que condensan la historia de la entidad que nos abre paso a la nacional.

En otro libro propiciado por Castro Pacheco, en el que se presentan y analizan sus murales de Querétaro, uno de los dos estudiosos de esas pinturas, Adrián Soto, dice que los pintores narran a través de ilustraciones los actos y circunstancias significativos y materializan los vestigios de un pasado que reproducen en tonos épicos:

“Los pintores los ilustran, pero van más allá; los interpretan, para entregarnos una visión que tiene dosis de conocimientos de diversa índole: como maestría técnica –porque los artistas los pintan después de un largo proceso de información- y la aptitud para sintetizar ese compendio informativo y seleccionar los episodios más relevantes entre lo sucedido a lo largo de los siglos.”[10]

 

5. Grabado.

Desde finales de la década de los años treinta  en el siglo pasado, Fernando empezó a penetrar la técnica del grabado. Trabajó en esa forma de expresión artística con lo aprendido en la Escuela de Bellas Artes de Yucatán y, sobre todo, en la Escuela de Arte Popular de Mérida. Cuando llegó a México en 1943, supo de la existencia del Taller de Gráfica Popular, en la que participaban artistas de mucho renombre como Raúl Anguiano, Antonio Pujol, Gonzalo de la Paz, Ignacio Aguirre y Alfredo Zalce. Fue invitado a finales de ese año a participar en una exposición y allí entró en contacto con el Taller y fortaleció entonces sus habilidades como grabador, aumentando sus conocimientos en los procedimientos y recursos a los que puede acceder un grabador.

13565-MLA59109087_2148-PEl grabado tiene la enorme cualidad de permitir la reproducción amplia de una obra gráfica. Es un trabajo que se realiza sobre una superficie dura llamada plancha que se trabaja con buriles o puntas de acero. La superficie que servirá para planchar las imágenes, normalmente sobre algún tipo de papel, puede ser de madera, de distintos materiales metálicos o de linóleo. Se pueden sacar de la plancha un buen número de copias o estampas de resolución fiel a un costo reducido, mucho menor que el que tienen el dibujo o la pintura que se quedan en una sola pieza. Eso permite que muchas personas puedan adquirirgrabados y disfrutar de ellos, colgarlos en las paredes de sus casas y de sus lugares de trabajo. Grandes artistas como Alberto Durero, Francisco de Goya y Lucientes o Pablo Picasso, este último tan admirado y seguido por Castro Pacheco. Ellos habían trabajado con esa técnica y el propósito de difundir ampliamente entre el pueblo su obra plástica. Y es que, con el grabado se puede captar la atención no sólo de personas cultivadas y con recursos, sino de gente con reducida capacidad económica. Una obra clásica en castellano como El Ingenioso Hidalgo, don Quijote de la Mancha, había sido magníficamente ilustrado con grabados de Gustavo Doré. Eso y otros ejemplos de grabados famosos, habían atraído a nuestro artista para incorporarse naturalmente a las filas de los grabadores importantes del país, preparando planchas  que desde y reproduciendo estampas con buen número de copias.

Desde la década de los años treinta del siglo XX, en el Taller de Gráfica Popular de la Ciudad de México, se había trabajado con los patrones de linóleo y de madera, como lo hacía Castro Pacheco en Mérida. Allí había acumulado nuestro artista algunas estampas grabadas que presentó en una exposición de ese Taller, lo  que abrió las puertas para que fuera muy bien acogida su obra en la Ciudad de México primero y después en todo el país. En contacto con los artistas que se habían agrupado entorno del taller y sus ideas para difundir el arte popular, Castro Pacheco se consolidó como grabador y cobró una enorme fama en ese campo.

La obra gráfica del grabador Castro Pacheco, es una de las mayores y más conocidas del artista, que no sólo recoge figuras y paisajes popu3857-MLM78335817_6001-Vlares de la vida cotidiana de los mexicanos, sino imágenes dramáticas de la Revolución, como la famosa de los Hermanos Serdán que fueron descubiertos anticipadamente como activistas de ese gran movimiento y atacados en Puebla por las fuerzas porfiristas, aquel fatídico 18 de noviembre de 1910.

Entre los grabados más famosos, que ha reproducido Fernando en varios grabados y dibujos, está la del hombre atravesado por las hojas del henequén que lo atraviesan como espadas. Es una estampa que representa muy vivamente la vida atormentada del campesino maya[11], que fue el principal productor de fibra (sosquil) extraída de esa planta y su menor beneficiario.Esa imagen fue utilizada como portada de un libro histórico sobre Yucatán, de don Fernando Benitez: Ki, La Historia de un pueblo y una planta[12]
Aprecio especialmente algunos grabados de Fernando no sólo por razones estéticas, sino afectivas: el del parto de una mujer maya en medio de la incertidumbre, el de una pareja que camina bajo la lluvia cubriéndose con enormes hojas que les sirven como paraguas, la de mujeres campesinas que caminan por parajes desérticos con sus niños cargados a la espalda, la de la pareja de campesinos revolucionarios con el hijo en el rebozo de ella caminando por la sierra y la defensa de la familia de los hermanos Serdán, las mujeres haciendo o descanso en la hamaca, la pareja durmiendo siesta en su hamaca matrimonial y la vida en marcha, que representa una mujer vigorosa que avanza por el camino llevando de la mano al pequeño hijo y la defensa de los hermanos Serdán.

 

6. La escultura y cerámica.

Otra faceta significativa de nuestro artista es la escultura, que empezó a practicar como uno de sus juegos de niño. Fernando me contó que entre sus diversiones privadas, estuvieron la construcción de un pequeño circo y de un teatro con sus palcos y butacas, para hacer o imaginar sus propias representaciones. Entre los materiales que trabajó, además del papel, la espátula y los lápices, estaban el cartón y el pegamento. Y en sus clases de primaria había practicado inicialmente el modelado con plastilina.

Su obra escultórica no es tan amplia como su pintura, pero muestra las habilidades que Castro Pacheco desarrolló en ese ámbito. La mayor parte de ellas son mujeres en disposiciones y posturas distintas, hechas en bronce: sentadas descansando en un butaque, caminando, o erguidas, altivas con la mirada en el horizonte, peinadas con el pelo recogido en un tuch, como le dicen en lengua maya, a la crencha de cabello. Tiene también figuras femeninas desnudándose, sentadas bañándose con agua de pozo tomada en una jícara, para echársela encima.

La escultura es una tarea intermitente que se va terciando con la pintura y el grabado. Una característica de su escultura es que no ha desarrollado figuras de gran tamaño, tomas tienen un formato pequeño y en sus rasgos corresponden al fenotipo maya.

También ha hecho alguna cerámica artística que deja ver sus aptitudes como modelador y escultor. El trabajo como escultor nunca ha sido abandonado por Fernando, quien después de haber cumplido los noventa años, ha seguido modelando materiales y esculpiendo figuras, principalmente de hermosas mujeres mayas.

 

7. El Ilustrador.

Hay otro tipo de trabajo artístico que Castro Pacheco ha realizado, normalmente a petición de personas: ilustración de libros y publicaciones. En el libro publicado por la Universidad Autónoma de Yucatán, Fernando Castro Pacheco, Color e Imagen de Yucatán, se registran trece[13]. Ejemplos de ellos, son las ilustraciones preparadas para libros: de Alfredo Barrera Vázquez, Cruz, poema en cinco puntos cardinales (30 grabados, 1948); Siete Poesías de Antonio Mediz Bolio encargado por don Manuel Zapata (8 grabados, 1950); novela La nube esteril, de Antonio Rodríguez, (22 grabados, 1952); Novela de Miguel Álvarez Acosta, Muro blanco en roca negra (21 dibujos); el ensayo de Oswaldo Díaz Ruanova, Bajo el signo de Tlaloc (21 dibujos, 1953; poema de Antonio Mediz Bolio, Mi tierra es mía (4 dibujos); poemas de Fernando Espejo Méndez, La flauta y la caña (9 dibujos, 1960).

Yo tuve el gusto de que la portada de mi libro, Historia y Cultura en Yucatán, tenga como portada un grabado de mi querido amigo Fernando[14]

Dice el gran conocedor de la obra plástica de los principales maestros mexicanos, Antonio Rodríguez, que desde el primer libro de poesía que ilustró Castro Pacheco en 1948, fue capaz de traducir a imágenes, con fuerza plástica autónoma, a los en apariencia más intraducibles conceptos (…) El mundo mágico de los mayas, con sus mitos y hermosas metáforas, que son, la reducción, a formas poéticas, de los conocimientos y del modelo de concebir la vida de aquel grandioso pueblo, fue interpretado en este libro  por Castro Pacheco, con una fuerza de expresión que es la mejor prueba de su sensibilidad artística y de su maestría.”[15]

En octubre de 1951, empieza a publicarse en la Ciudad de México, un semanario que se llamó simplemente Yucatán[16]. Aparece para oponerse a la imposición de Tomás Marentes Miranda, como candidato a gobernador por el partido oficial y además postulado por el dirigente usufructuario de una fachada llamada Partido Socialista del Sureste, profesor Antonio Bustillos Carrillo. Es la publicación de un movimiento de protesta que encabezan en la capital de la República los doctores Alvar Carrillo Gil y Jesús Amaro Gamboa. Fernando Castro Pacheco empieza a colaborarcomo ilustrador en esa publicación en julio del año de 1952. En esa publicación hay un buen número de grabados de Castro Pacheco con su firma y un conjunto de dibujos que salieron de su mano, pero no tienen firma.

 

Consideraciones finales.

El contenido de este libro (PONER EL TITULO), nos abre la posibilidad de captar las características principales de la obra plástica de Fernando Castro Pacheco. Para mi gusto dos elementos destacan de manera significativa: el dibujo preciso y el color manejado con emoción atrevida y equilibrio estético. El conjunto de sus obras reporta en quien las contempla, una armonía multicolor que llama poderosamente la atención y enseña un universo de formas modeladas por una percepción clara de la belleza y una mano diestra, cuidadosamente entrenada, para expresarla.

En este libro –si no interpreto mal la intención de la editora-se nos abren a la mirada de los ojos y del espíritu muchas cosas, dejándonos trasponer la mirada a su pintura mural y de caballete, pero se hacen también presentes los trazos de su dibujo escrupuloso y puntual, la acuarela delicada, el grabado magistral y algo de su escultura y de la cerámicaartística que ha producido. En todos estos géneros usa colores muy vivos como el amarillo, el rojo, el verde y de manera notablemente armónica, el blanco para bañarlos de luz. Pero además usa tonos que protegen con sombras la intimidad de la vida y de la historia del pueblo maya. Muchas de sus figuras tienen un tono de tristeza o de nostalgia. Se trata de expresiones discretas, de una tristeza que puede advertirse plácida y no doliente. Sus temas dramáticos están en sus pinturas históricas como las que representa en el Salón de la Historia: el tormento de Canek, la lucha en la guerra de castas, el peso de las pacas de henequén sobre las espaldas de los trabajadores, las hojas de esa planta emblemática de la península de Yucatán como erizo de espadas atravesando al campesino.

La pintura más gozosa de Castro Pacheco está en los dibujos, pinturas y grabados de las parejas cuando hacen el amor. Como ejemplo magnífico de esta expresión, refiero una caja prodigiosa de grabados a color, que contiene diversas escenas de la relación amorosa, ejecutadas en una hamaca. En esos grabados nos deja ver Fernando su enorme capacidad de ternura y disfrute de los seres humanos. El movimiento cuidadoso y sutil de las imágenes, permite al que las admira imaginar lo que la gráfica no quiere plasmar. Es una obra tan delicada como sensual.

A finales de los años setenta del siglo pasado, Castro Pacheco ha alcanzado la madurez y la orientación fundamental que plasma en su obra. Le cuenta en una entrevista al escritor yucateco Roldán Peniche Barrera:

“Como pintor no me desespero por parecer innovador, quiero explotar mi particular veta con el mejor rendimiento, deseo a toda costa no engañarme con los ojos…”[17]

Cuando Castro Pacheco tenía cerca de dos años de haber empezado a trabajar los murales de Palacio, le fue otorgada la Medalla Eligio Ancona (1972), máximo galardón que se entrega a los yucatecos destacados en el campo intelectual, artístico y deportivo.A Fernando Castro Pacheco esa medalla le fue entregada en una circunstancia especial: el cuadrángulo de las Monjas de la ciudad sagrada de Uxmal. En el discurso que pronunciara emocionado el escritoryucatalán Juan DuchColell, nos habla poéticamente de esta capacidad polifacética, para captar muchos rostros, colores e imágenes de nuestro mayor artista plástico en la Península de Yucatán:

“Castro no ha desdeñado ninguna brecha, senda alguna, porque su creación ha estado presidida por la angustia de descubrir a cada instante una misma antigua y permanente verdad renovada. El extraordinario mural que desde hace un año resplandece en el Palacio de Gobierno lo dice, el hombre está en todos los puntos de la rosa de los vientos y al mismo tiempo está en el punto central de sí mismo, se edifica sobre su propio corazón, se extiende hacia los demás, forma parte de ellos y los otros ascienden y caminan con él porque esta es la patria y este es el pueblo, una trabazón, una urdimbre en que uno se hace parte de otros que son a la vez parte nuestra.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alguna Bibliografía

 

– Abreu Gómez, Ermilo, El Popol Vuh, Fondo de Cultura Económica, México, 2007.

– Castro Pacheco, Fernando, Color e Imagen de Yucatán, con textos de Teresa del Conde, Enrique Franco Calvo y Tessa Corona del Conde, que incluyen fotografía de Gabriel Figueroa Flores y Ricardo Garibay Ruiz, publicado por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Mérida, 1994.

– Castro Pacheco, Fernando, Murales de Palacio de Gobierno. Es una edición bilingüe (inglés-español) de la obra fundamentalmente gráfica del artista, con textos inspirados del poeta José Díaz Cervera, “La voz cromática”, en la que se reportan sus trabajos y pintura mural, Mérida, 2005.

– Castro Pacheco, Fernando, Murales del Salón de la Historia de Querétaro, libro editado en Mérida, Yucatán, e impreso en la Ciudad de México, D.F., 2012.

– Da Vinci, Leonardo, El tratado de la pintura, en el volumen de Obras Selectas, Edimat, Libros, Madrid, España, 2004.

– Enciclopedia Yucatanense, Tomo IV, “Historia del dibujo, la pintura y la escultura”, Edición Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán, 1977.

– Salón de la Historia, folleto con textos del cronista de Querétaro, José Guadalupe Ramírez Álvarez, Ediciones del Estado de Querétaro, 1979.

– Yucatán en el Tiempo, Enciclopedia Alfabética, ficha sobre Fernando Castro Pacheco, Editada por Raúl Casares G. Cantón, Mérida, 1988.

 

[1] ) La escuela se encontraba en el Palacio Cantón, ubicado en el Paseo Montejo, Mérida.
[2]) El escultor Cardone, era natural de Nápoles, Italia y llegó a Mérida a principios del siglo XX para contribuir a la edificación y decoración del Teatro Peón Contreras. El escultor permanece en la ciudad de Mérida hasta su muerte en 1935. Cuando se establece la Escuela de Bellas Artes en Yucatán, en 1916 es contratado para ser maestro de modelado y escultura. En 1918 fue nombrado director de esa Escuela.
[3] ) Rubio Milán fue un estupendo pintor yucateco que estudió en la Escuela de Bellas Artes en Mérida  y después en San Carlos en la Ciudad de México. Destacó por su manejo de la luz y por sus retratos.
[4]) Cayetano fue un profesor de dibujo de origen peruano, que llegó a Mérida a finales del siglo XIX, como escenógrafo de una compañía de zarzuelas y decidió permanecer en esa ciudad en la que falleció.
[5]) Cuando Fernando Castro Pacheco se incorpora a la Escuela de Escultura y Pintura de Bellas Artes, ésta estaba ubicada en la Calle de San Fernando Nº 14, en la que permanece hasta 1994.
[6]) Cito aquí la traducción de Antonio Mediz Bolio, por considerar que este poeta conocedor profundo de la lengua maya, prefiere la belleza de la expresión a un significado literal que usan otros traductores. UNAM, 1954.
[7]) Popol Vuh, antiguas leyendas del Quiché, Versión y Prólogo de Ermilo Abreu Gómez, Fondo de Cultura Económica, 2007, primera frase del Prólogo.
[8]) El Libro es bilingüe español-inglés y se titula Fernando Castro Pacheco, Murales del Palacio de Gobierno, Mérida Yucatán, 2005. Los textos son del poeta José Díaz Cervera y se titulan “La Voz cromática”.  La fotografía de los murales es de Eduardo Cervantes.
[9]) Op. Cit.pág 7.
[10] ) Fernando Castro Pacheco, Salón de la Historia de Querétaro, México 2012

lizan su lo largo de los siglos.y seleccionar los episodios mrales de Quer
[11]) Hecha originalmente como cuadro al óleo en 1947.
[12]) Publicado por el Fondo de Cultura Económica, México, 1956.
[13]) Mérida, 1994.
[14]) El libro fue publicado por el Instituto de Cultura de Yucatán (ICY), en 2003. Además de la portada, contiene dos cuadros del pintor que estuvieron en mi oficina (Subsecretaría de Desarrollo Político) de la Secretaría de Gobernación.
[15]) Artículo publicado en el Diario del Sureste, Suplemento Cultural,  31 de octubre, 1954.
[16] ) Órgano oficial de la Asociación Cívica “Yucatán”. El Comité de Redacción estaba integrado por los doctores Alvar Carrillo Gil, Jesús Amaro Gamboa, Conrado Magaña Mezo y el señor Fausto Hijuelos.
[17] )Murales de Castro Pacheco en el Palacio de Gobierno y el Salón de la Historia (reseñas publicadas en ese libro), Ediciones del Gobierno de Yucatán, 1976-1982.

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