Ensayos

Busqué lo católico en la obra de Gabriel Zaid y lo encontré en sus ensayos sobre poesía y cultura. Esta pesquisa tuvo en cuenta una afirmación de mi querido amigo Miguel Ángel Granados Chapa, a quien recuerdo al cumplirse casi siete años de su fallecimiento el 16 de octubre de 2011. Me fue difícil encontrarlo, porque como sostuvo mi recordado amigo, Zaid  “tiene fe religiosa, pero no la blande para tundir a los creyentes de otra fe ni a quienes carecen de ella”[2]. También dijo Miguel Ángel que Zaid era “un personaje enigmático a quien no le gusta ser retratado…”  Yo, por mi parte, extiendo ahora por mi cuenta, esta indisposición a ser retratado en su adscripción personal como católico, porque ni siquiera hay un autorretrato en el que él mismo se presente directamente en el ejercicio de la fe que sustenta y acepta sustentar. Ésta existe escondida o velada en los intersticios de sus trabajos si los penetramos, pero esa identificación de su credo católico exige que el investigador se zambulla en sus textos. Sus referencias a su pertenencia a la religión católica las encontramos en su adhesión entusiasta a principios sostenidos por el catolicismo y a un buen número de intelectuales y líderes católicos, pero no como una declaración personal.

Recorramos primero algunos episodios de su vida, sus preocupaciones intelectuales y artísticas. A los veinte años gana unos juegos florales en Monterrey, evento en el que el jurado estuvo integrado por Alfonso Reyes, Carlos Pellicer y Salvador Novo. Su primer libro de poemas Seguimiento[3], es prologado por Octavio Paz. Es un libro en el que la brevedad, la delicada discreción y el fino apunte estético destacan.

Se reporta en algunos de sus libros su conocimiento profundo y detallado de la literatura católica y sus antecedentes en la religión judía de la que se deriva y a la que supera el cristianismo: su historia, las posiciones de sus teólogos, filósofos y escritores católicos de gran prestigio que él admira.

Refiere la declinación de la cultura católica dominante por muchos siglos y el ascenso de una cultura moderna, racional y laica. Acude al surgimiento de pensadores católicos de distintos países de Occidente que lo fascinan, como Chesterton, Claudel y Papini, que reclaman su lugar en la interpretación de la cultura racional que se había vuelto dominante, argumentando que se puede conciliar la fe con la razón. Estos escritores conocen bien los elementos fundamentales de la cultura moderna, han aprendido el discurso que hacen propio, sin dejar de ser católicos, y proponen la idea de ser biculturales: racionales y católicos. Creo descubrir en este tipo de escritores católicos la posición que adopta Gabriel Zaid, cuya formación inicial es la de un ingeniero, que se gradúa en el Tecnológico de Monterrey. Después de alcanzar su título de ingeniero administrador viaja a Paris y penetra gozosamente en la cultura francesa. A su regreso de Francia se convierte en pequeño empresario independiente. Su formación personal la adquiere como lector voraz de la filosofía y la literatura occidentales.

Los católicos tradicionales como Tertuliano –padre de la Iglesia que vivió entre los años 160 y 220 d. C.-  criticaron a los que buscaban conexiones entre el evangelio y el pensamiento griego. En términos de Zaid se preguntaba Tertuliano “¿Qué tiene que ver Atenas, con Jerusalén, ni la Academia de Platón con la Iglesia de Cristo?”

Sostiene Zaid que los movimientos creadores de la cultura moderna que supera a la doctrina católica, son el Renacimiento, la Reforma y la Revolución en Occidente. Esos movimientos son los que acabaron con la cultura católica nos dice, y remata: “Mientras el discurso dominante fue católico, muchas iniciativas del catolicismo modernizador, acabaron excomulgadas”[4]. Pero Zaid ve en la vida y resurrección de Cristo, algo que puede y debe pasar paralelo, y que es el surgimiento y posible recuperación de la vital cultura católica insertándose sin pretensiones de liderazgo en la cultura moderna. Y esta es una decisión que nuestro católico profundo adopta con humildad, sin pretender liderazgo, sino simplemente adscribirse como lo hicieron Chesterton, Claudel y Papini, y aportar desde su óptica, fundamentalmente liberal, valores sostenidos por el catolicismo. Su práctica religiosa es algo sobre lo que no nos habla, porque decidió desde muy temprano, hacerla discretamente, íntimamente, familiarmente y nunca proclamarla, y menos blandirla, como decía Miguel Ángel Granados Chapa,  para tundir a los creyentes de otra fe ni a quienes carecen de ella.

Zaid rechaza con Unamuno, también católico, que hubiera que convertir a los no creyentes “a cristazo limpio” y encuentra el camino del razonamiento para sumarse a la cultura moderna iluminada por el liberalismo, que prescribe la discreción en materia de credos y su práctica en la intimidad del hogar y de la conciencia personal. Esta es una posición que tuvieron los liberales católicos como Benito Juárez.

Narra entonces en sus ensayos como un gran número de fieles católicos rechazan esta postura del catolicismo modernizador (bicultural), y señalaron como traidores a la religión y descastados a los que la asumen. La literatura moderna es muy libre, piensan los católicos conservadores de mirada y criterio estrechos. Zaid nos dice que ellos prescriben: si quieres ser buen católico, no puedes ser un buen escritor que se toma libertades que no son compatibles con la fe católica, porque los escritores católicos deben observar los límites que les impone su fe.

Para Zaid los misioneros de una cultura católica moderna, deben ser bilingües y biculturales, “exponerse a experiencias desconocidas y aun prohibidas”, como lo hizo Galileo; deben hablar con desenvoltura otra lengua: la de la moderna cultura racional, como lo hizo en forma pionera René Descartes, pensador católico autor del Discurso del Método, iniciador de la filosofía moderna racionalista, que puso por delante el pensamiento para explicar la existencia. Descartes que en efecto fue muy impugnado por miembros de la jerarquía católica, que incluso llegaron a plantear su excomunión sin lograrlo, con lo cual se considera que este pensador francés   -padre primigenio del racionalismo que después tuvo muchos padres-, abre un camino para la conciliación de la razón con la fe. Este es el camino emprendido por Gabriel Zaid, quien en muchos de su extraordinarios ensayos cita constantemente a pensadores y escritores no católicos,  agnósticos   e incluso ateos, para resaltar algunos de sus planteamientos que pueden ser compatibles con el pensamiento cristiano.

Comentario aparte merece la referencia que hace Zaid al pensamiento del jesuita y científico evolucionista Pierre Teilhard de Chardin, quien propone una conciliación entre la ciencia y la fe, aportando una visión en la que se hacen compatibles la evolución de la materia que conduce al desenvolvimiento del ser humano racional y a su encuentro profundo con Dios como compañer@ en la co-creación de un mundo que se desenvuelve y progresa utilizando la ciencia, la filosofía y las artes. Recojo brevemente algunas de sus frases de este sabio paleontólogo y poeta que nos dejó como preciosa herencia. Theilhard llama Biosfera a la envoltura del planeta Tierra; y Noosfera a la envoltura o capa pensante de Tierra y manifiesta su fe así: “yo creo que la evolución va hacia el Espíritu. Creo que, en el hombre, el Espíritu se consuma en Personal”… “Es a través de la carne, por la vía de la Hominización, como se opera la Noogénesis”… “La Materia es la matriz del Espíritu. El Espíritu es el estado superior de la Materia”[5]

Zaid se introduce en la poesía y la practica a su modo muy especial que explica en su libro La Poesía en la práctica. Como Theilhard de Chardin cree en la conciliación de la fe y la ciencia, de la poesía y la práctica cotidiana de la vida humana. Nos dice en ese opúsculo: “Hay que ver la poesía en la práctica: en el mundo del trabajo y los negocios, del prestigio social y el poder político, de la ingeniería y las computadoras, de la vida amorosa y cotidiana.”[6] Esta propuesta de Zaid es un apunte autobiográfico: él es un ingeniero que usa computadoras[7], se mete en el mundo del trabajo y los negocios, y, con una perspectiva claramente liberal critica al poder político, conquista el prestigio social con sus obras, apoyándose para todo eso en la vida amorosa, íntima y personal, que alimenta con poesía, reflexión y oración en casa y no públicamente. Y no le gusta que lo retraten, tal vez porque quiere mantener su persona y su credo en la intimidad de su hogar y de su templo al que acude cada domingo.

A Gabriel Zaid no le gusta exponerse al público más que en sus textos. Acude poco a lugares públicos, no acepta entrevistas, ni participa en paneles de discusión en las universidades o en los medios masivos de información. Publica muchos de sus artículos y ensayos en revistas culturales, como Plural  y Vuelta que dirigió Octavio Paz. Zaid es miembro de El Colegio Nacional desde 1984 y de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1986. En la actualidad se mantiene escribiendo ensayos en la revista Letras Libres, que dirige Enrique Krauze, continuador del trabajo de divulgación y creación cultural emprendido por Octavio Paz en sus revistas. También escribe quincenalmente en el periódico Reforma, artículos agudos y reflexiones llenas de datos y propuestas culturales relevantes.

Zaid ha realizado varias antologías de poesía. En la que preparó Octavio Paz, Poesía en Movimiento (1966), el poeta regiomontano quedó incluido, porque nuestro único premio Nobel de literatura, lo considera en la segunda mitad de los años sesenta del siglo pasado, como un poeta atraído por la aventura del espíritu, que mira al interior, y desciende a las profundidades introspectivas. Y esta es una pista que nos entrega Paz para descubrir lo católico de Gabriel Zaid, aunque Paz eso lo intuye poéticamente.

Para Zaid, como para Chardin la poesía hace más habitable el mundo. Y no sólo es un gozo estético, sino una forma de conocimiento que parte de las experiencias materiales y se dirige al Espíritu que es el estado superior de la materia.

El ensayo es el género que más extensamente practica Zaid desde su juventud. Y en el ensayo va filtrando elementos poéticos. Para él el ensayo es un diálogo que se establece en la conversación con otros. En su prolija obra de ensayista toca temas de filosofía, historia, economía, sociedad, política y desentraña el sentido de lo que es la poesía para el ser humano. En su libro ya citado, Tres poetas católicos, analiza el arte poético de Ramón López Velarde, Carlos Pellicer y Manuel Ponce[8]. Este último es un sacerdote que, según Zaid, “escribe algunos de los mejores poemas de la poesía católica moderna”.

Agrego ahora una nota discordante: en las primeras páginas de su libro Tres poetas católicos[9], sostiene: “En México, fuera de los vestigios de mejores épocas y de la cultura popular, se acabó la cultura católica. Se quedó al margen en uno de los siglos más notables de la cultura mexicana: el siglo XX.”

Si en el análisis de la cultura católica mexicana, se deja fuera la cultura popular –como lo hace nuestro ensayista- por supuesto que ella quedó al margen. Pero la cultura católica popular no debe ser vista como algo marginal, al menos desde el punto de vista antropológico, sociológico y yo me atrevo a decir, pensando en San Francisco. Más bien creo que lo marginal es, en todo tiempo, la “alta cultura católica” que es la que analiza Zaid, refiriéndose al pensamiento de los grandes padres de la Iglesia, papas, teólogos y filósofos. La cultura popular mexicana católica, y en particular la cultura popular mexicana en la que se incluye el guadalupanismo, no ha sido, ni es, ni será marginal. Es el sustrato, un basamento fundamental en el que se apoya para vivir el pueblo de México. Pero este no es el tema principal de mi pesquisa, aunque no quise dejar de mencionarlo.

Gabriel Zaid es un católico discreto en cuanto a su práctica visible, pero ha analizado con gran profundidad la cultura católica, antes de presentar a tres poetas que tienen esa religión con la que él mismo se identifica, analiza la historia cultural del catolicismo[10].

Concluyo esta semblanza de Gabriel Zaid y su impronta católica, con un poema suyo.  Me parece que este poema nos deja ver su forma de ser y manifestarse como católico crípticamente o sin expresarlo directamente.

 

Pastoral

Una tarde con árboles

Callada y encendida.

Las cosas su silencio

Llevan como una esquila.

Tienen sombra: la aceptan.

Tienen nombre: la olvidan.

Y tú, pastor del Ser,

tú la oveja perdida.

[1] Ponencia para el Coloquio Internacional “Los Proyectos católicos de Nación en el México del siglo XX: actores, ideologías y prácticas.”

[2] ) “Setenta Años de Gabriel Zaid”, Revista Proceso, enero 25, 2004.

[3] ) Editado en 1964 por el Fondo de Cultura Económica. Ese año es el de su traslado de Monterrey a la Ciudad de México donde vive y escribe hasta ahora, después de haber cumplido los 84 años el 24 de enero de 2018.

[4] ) Zaid parece olvidar en esta argumentación, que Santo Tomás de Aquino a quien admira, encontró y construyó puentes con elementos de la filosofía aristotélica y el cristianismo, y que no fue excomulgado, sino convertido en en uno de los padres fundamentales de la teología y la filosofía de los católicos.

[5] ) Las frases están tomadas de su libro El corazón de la materia, Editorial SAL TERRAE, Santander, 2002. Las mayúsculas en palabras como Tierra, Biosfera, Noogénesis, Personal o Espíritu, las usa De Chardin y yo las reproduzco tal como él las escribe.

[6] )Obra publicada originalmente en 1985, reeditada por Debolsillo, Random House Mondadori,  en 2010.

[7] ) Fundó una empresa (Ibcon), que se dedicó a publicar directorios, realizar estudios de mercado y a consultoría en ingeniería industrial, su profesión original. En esa empresa se publicó una colección titulada Los Trovadores, dedicada a la recuperación del cancionero popular. Esta obra en su primer volumen contiene 207 canciones del cancionero infantil Cri-Cri, a quien Zaid considera poeta.

[8] ) El estudio introductorio del libro se titula “Muerte y resurrección de la cultura católica”, fue publicado originalmente como un ensayo en la revista Vuelta.

[9] ) Editorial Oceano, México, 1977.

[10] ) Cfr. Tres poetas católicos…

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