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Les presento la reseña crítica que acaba de publicar el joven Gilberto Avilez Tax en la que se da cuenta de la historias ilustrada sobre este tema; publicada por al Editorial Dante en Mérida, Yucatán

 

La Guerra de Castas de Yucatán de Francisco José Paoli Bolio | Gilberto Avilez Tax
Publicado el 17 febrero, 2016 por letrasenrebeldia

Creo que lo mejor de la novedad editorial en cuanto a la historia divulgativa de las cosas de la tierra nuestra que haya salido este 2015 de las prensas yucatecas, es el libro del respetable jurista, historiador, sociólogo, analista político y hombre de letras meridano, don Francisco José Paoli Bolio: La Guerra de Castas en Yucatán, publicado bajo el sello de Editorial Dante.
Portada del libro “La Guerra de Castas en Yucatán” de

Portada del libro “La Guerra de Castas en Yucatán” de José Paoli Bolio, editado por Editorial Dante

No quiero extenderme y ser minucioso en el análisis y la reseña de este libro. Más bien, veamos estas breves líneas como una invitación para las nuevas generaciones de entusiastas de los territorios de Clío y los afanes de tantos escritores que buscan motivos en la historia para sus ficciones literarias; una invitación para que se adentren al conocimiento de uno de los más importantes periodos, si no es que el periodo axial de la historia de Yucatán. Lo que inició en Tepich en 1847, una guerra campesina que ha tenido diversas interpretaciones para diversas generaciones –“de castas”, “racial”, la confrontación entre la “barbarie y la civilización”-, y aunque la nueva historia que se enseña en las aulas la minusvalore y la considere asunto ya olvidado y descartable; considero que su fuerza historiográfica todavía tienen mucho que aportar para el conocimiento de la historia del Yucatán del siglo XIX. La yesca que se prendió hace 169 años, todavía tiene mucho que decir, y en este tenor, es indudable que una de las mejores novelas mexicanas escritas en años recientes, la escribió Hernán Lara Zavala: con Península, península (Alfaguara, 2008), Lara Zavala recrea con maestría de un supremo narrador conocedor de la historia del Yucatán del XIX, la Guerra de Castas.[1] Además, vale la pena apuntar un libro reciente del guerracastólogo Terry Rugeley, [2] el cual urge hacer una necesaria y correcta traducción al español; así como una tesis que fue defendida a principios de 2015, me refiero a la tesis doctoral de una de las guerracastólogas más acuciosas de la Península, Lorena Careaga Viliesid, al parecer, en proceso de salir en formato de libro[3]

En ese tenor, el trabajo del doctor Paoli Bolio, con una selección tanto de fuentes clásicas del XIX como de fuentes modernas ya clásicas del XX,[4] así como de la indagatoria hemerográfica, consulta de mapas que se encuentran preponderantemente en la Mapoteca Manuel Orozco y Berra de la Ciudad de México; y documentos del Archivo General de la Nación (AGN), el archivo municipal de Saltillo, la Biblioteca Yucatanense meridana, y el archivo Carso, así como otros repositorios y recursos electrónicos; nos da una síntesis amena, bien escrita y ágil de ese conflicto que modificó por mucho la senda por la cual el Yucatán racista y neo-colonial del siglo XIX se escoraba. Si bien Paoli no sale de los momentos y los lugares que más se ha dicho y frecuentado de esta guerra de larga duración, su aporte estriba en que, al mismo tiempo que da a conocer con una escritura diáfana a los recién llegados a la historia de la Guerra de Castas de Yucatán, este libro es importante porque une en un solo cuerpo textual tantas imágenes de la Guerra de Castas desperdigas entre tantos textos, así como da a conocer fotografías del conflicto que, al menos yo, no tenía conocimiento. Y de ahí que podemos asentir con lo que en la contraportada de este libro se lee: “La historia gráfica más completa, jamás publicada, sobre la Guerra de Castas en Yucatán”. Mapas, daguerrotipos, litografías de la época, murales de Castro Pacheco, dibujos de Picheta, reproducciones de documentos, fotografías actuales de los pueblos que fueron escenarios de la guerra, el libro de Paoli contiene un mar de bellas imágenes que obnubilan al lector.

Sin embargo, hay que hacerle algunas observaciones a este libro de menos de 90 páginas. Son, si se quiere, observaciones hechas para tratar de que las actuales generaciones de guerracastólogos no sigan incurriendo en los vicios que han dejado lecturas sesgadas y bastante ideologizadas del conflicto. Paoli Bolio no toca para nada la situación de regiones que se consideraron fronterizas entre dos bandos en conflicto -Mérida y Chan Santa Cruz- como Peto, Valladolid, Sotuta, Ichmul, Hopelchén, entre otros. Y es que la Guerra de Castas prolongada (la que va de poco más allá de 1850 hasta 1886) se dio en exclusiva en estas regiones fronterizas, las más cercanas a la territorialidad que desde Santa Cruz construían los “cruzob”. No se sostiene para nada el bosquejo que de Cecilio Chi hace el autor, muy penetrado de historiografía decimonónica. Cae en un error al conceptuar la génesis del conflicto, como de una guerra entre “blancos y mayas”, lo que sin duda no fue así al principio, aunque en años posteriores a 1855, Chan Santa Cruz se mayanizó y radicalizó. Además, a veces incurre en textos que, valiosos en cuanto a la madeja literaria (La conjura de Xinum y Canek, de Ermilo Abreu Gómez; y hasta la novela de Paoli Bolio, Las Guerras de Justo), para un libro de historia se vuelven fuentes dudosas por más que la historia cultural y exquisita diga lo contrario.[5]

Pero los asertos son mucho más en este libro. Rescata el análisis que el filósofo Leopoldo Peniche Vallado hiciera de la Guerra de Castas: ésta guerra no fue generada por los “indios” (o campesinos), “sino por el grupo antagónico, el que se hizo pasar como agredido, una comunidad que en tres siglos de ejercer dominación, no sólo no tuvo el instinto bastante para prever esta guerra, pese a las advertencias que pudo y debió haber detectado en el surgimiento de brotes anteriores en el tiempo, sino que, con una falta absoluta de sindéresis, se encargó de incitarla con desplantes de soberbia, de desdén y actitudes agresivas que fueron enconando la situación, hasta que el estallido fatal de las pasiones contenidas incendió y tiñó de sangre el panorama de la vida yucateca”.[6]

Asimismo, y como bien establece Paoli Bolio, tal vez sea el proceso de mestizaje cultural y religioso que se comenzó a gestar en Yucatán en el medio siglo que duró el conflicto, la lectura más general que podemos concluir de la Guerra de Castas:[7] “Una resultante positiva de la guerra fue que en ese medio siglo que duró, formó una conciencia muy amplia sobre los males que pueden acarrear la violencia, la discriminación racial y la explotación de los trabajadores. Se fue difundiendo, sutilmente, una conciencia colectiva en la población de Yucatán de lo benéfico que podía ser para todos utilizar y compartir los valores de las culturas y razas que habían estado en una pugna tan enconada”.[8] Y a pesar de la división política de la Península como consecuencia del conflicto, podemos asentir con Paoli Bolio, que la Península es unificada por esa enorme cultura mestiza creada por mayas y españoles:

La lengua maya se habla en las tres entidades y las hermana poderosamente, además de hacerlo la comida, la música y el turismo que recorre la Península de Yucatán, sin importarle nada esa división política…Independientemente de la división en tres estados de la República Mexicana, los tres están marcados por la Guerra de Castas. Entenderla y car las mejores lecciones de ese entendimiento, por consiguiente, hará propicio el desarrollo de la cultura y la identidad mestiza maya yucateca.[9]

Aunque los nuevos historiadores que enseñan y salen de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY han indicado recientemente que la Guerra de Castas de Yucatán ya no es un tema atractivo, y es más, es un tema del pasado propio de historiadores indianistas e indigenistas desfasados,[10] el texto de Paoli, aunque se trata de una breve síntesis sustanciosa de lo que se ha escrito del conflicto desde el siglo XIX hasta el XXI, tiene la novedad de poner, en un solo libro que no pasa de las 90 páginas, la Historia Gráfica de la Guerra de Castas que tanto hacía falta: ahí, en sus hojas, se conjuntan los paisajes del Yucatán del XIX, los muros de Campeche y la manigua oriental, las armas de los yucatecos y los machetes y budbitzones ingleses de los mayas, la sociedad yucateca dividida por una gran guerra de larga duración y unos odios y temores destilados por las grandes plumas como don Justo Sierra O’Reilly y don Eligio Ancona, los descendientes de ambos bandos en pugna y los ingleses y negros de Honduras Británica, así como las batallas, las gestas, las heroicidades y las mezquindades por ambos bandos y una Cruz que hablaba y un gobierno meridano que no escuchaba.

Además, Paoli Bolio nos hace la relación de unos valiosos documentos que, para los guerracastólogos, son imprescindibles para entender el conflicto. Creo que La Guerra de Castas en Yucatán merece una reseña más detallada, pero la gripe me impide ser más exhaustivo. Editorial Dante, sin tanto ruido y sin tanta bulla, nos da de vez en cuando joyas bibliográficas para los estudiosos de la historia de la Península.

[1] Léase el libro, pero igual el elogio que de la novela hiciera Carlos Fuentes, en “El Yucatán de Lara Zavala”, 7 de abril de 2008. Con este artículo, Carlos Fuentes obtuvo un premio periodístico en España.

[2] Guerracastólogo es un concepto que acuñé para definir a los historiadores y escritores que han tocado en algún momento la historia de la Guerra de Castas de Yucatán. Además, podemos decir que no solamente en Yucatán hubo “Guerra de Castas”, pues a lo largo del siglo XIX, la inmensa geografía mexicana estuvo caracterizada por las fricciones étnicas entre un Estado mexicano y los distintos pueblos originarios, como los yaquis de Sonora.

[3] Cfr. Terry Rugeley, Rebellion now and forever: Mayas, Hispanics, and caste war violence in Yucatán, 1800-1880, Stanford, Stanford University Press, 2009; Lorena Careaga Viliesid, Invasores, exploradores y viajeros: la vida cotidiana en Yucatán desde la óptica del otro, 1834-1906. Tesis que para optar el grado de: Doctora en Historia, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Investigaciones Históricas, 2015.

[4] Es decir, me refiero a los trabajos pioneros de Justo Sierra O´Reilly, Serapio Baqueiro, Eligio Ancona, para el XIX; y textos como el multileído libro de Nelson Reed o El machete y la Cruz, la sublevación de campesinos en Yucatán, UNAM, México, 2005, de Don E. Dumond. Se extraña en este acopio documental, el trabajo ya referido de Rugeley, y el erudito estudio de Martha Herminia Villalobos González, El bosque sitiado. Asaltos armados, concesiones forestales y estrategias de resistencia durante la Guerra de Castas, México, CIESAS-CONACULTA-INAH y Miguel Ángel Porrúa editores, 2006.

[5] Para una crítica a la historiografía romántica e ideologizada de la Guerra de Castas, véase el artículo de Terry Rugeley, “Violencia y verdades: cinco mitos sobre la Guerra de Castas en Yucatán”, en La Palabra y el

Hombre. Revista de la Universidad Veracruzana. Tercera época, número 21, verano de 2012, pp. 27-32.

[6] Leopoldo Peniche Vallado, citado por Francisco José Paoli Bolio en La Guerra de Castas en Yucatán, Mérida, Editorial Dante, 2015, p. 74.

[7] Aunque hay que apuntar que esta ideología del mestizaje y la revaloración de la mayanidad, sólo se dio en Yucatán en el siglo XX, cuyo periodo más alto lo podemos ver en la obra política revolucionaria del periodo socialista en Yucatán, periodo que conoce en demasía Paoli Bolio, autor junto con Enrique Montalvo, de El socialismo olvidado de Yucatán (Elementos para una reinterpretación de la Revolución mexicana), México, Siglo XXI, 1987.

[8] Ibidem, p. 76.

[9] Ibidem, p. 77.

[10] Existe un empeño de los historiadores de lo cotidiano, historiadores culturales yucatecos, por alejarse de algo que denominan historia tradicional. Aseguran estos historiadores, que: “La historia de Yucatán no es únicamente la de los indios, como en una ocasión argüía un historiador. La historia de Yucatán tampoco es exclusivamente la vida política o económica […] Por fortuna, ha quedado en el olvido la moda de estudiar la Guerra de Castas”. Negroe y Miranda, 2010: 10-11. Las cursivas son mías.

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