UNDÉCIMA UNIDAD (DEL LIBRO TEORÍA DEL ESTADO 3ra EDICIÓN 2019)

UNDÉCIMA UNIDAD (DEL LIBRO TEORÍA DEL ESTADO)

 

“La comunidad -más o menos estrecha- que ha ido estableciéndose entre todos los pueblos de la tierra ha llegado ya hasta  el punto de que una violación al derecho, cometida en un sitio, repercute en todos los demás; de aquí se infiere que un derecho de ciudadanía mundial no es una fantasía jurídica, sino un complemento necesario del código no escrito del derecho político y de gentes, que de ese modo se eleva a la categoría de derecho público de la Humanidad y favorece la paz perpetua”

Immanuel Kant, La Paz Perpetua (1795)

 

 Gobernanza Global y Estado Mundial

 

  1. Gobernanza

Revisemos el concepto de gobernanza, empezando por su significado. Es un término en castellano que existe para referirse a la acción de gobernar o gobernarse, según el Diccionario de la lengua española. A partir de esa definición primaria, se ha utilizado otro término emparentado, el de gobernabilidad como sinónimo de gobernanza (véase Tercera Unidad en la nota 11 de pie de página). Pero cuando llegamos a la última fase de la revolución industrial también representada como 4.0, gobernabilidad y gobernanza ya son distintos y no sinónimos.

En esta última Unidad (Undécima) vamos a precisar el significado actual y seguramente futuro de gobernanza. En un primer momento, como decía antes, se concibe la gobernanza con el conjunto de condiciones en las que opera el gobierno, y más específicamente, a los instrumentos jurídico-políticos y al modo en que operan, para establecer un orden en la sociedad y propiciar su progreso.

La gobernanza, pues se produce en el ámbito del gobierno, particularmente en relación con la Administración Pública (AP), y se refiere a su estructura, normas, recursos, dirección, procesos, y personal según Luis F. Aguilar. Pero esa es sólo una parte de lo que se considera en el ámbito de la gobernanza, porque además de esas normas formales, en un momento posterior, el ámbito de la gobernanza se va ampliando. Este momento es cuando la sociedad civil va creando acuerdos y procedimientos para encauzar la acción pacífica y ordenada de los habitantes y conducir sus actividades. No todos los actos que incluye la gobernanza son ya los de un gobierno, sino los del concierto social que va especificando normas y maneras de atender diversos asuntos.

El término y el concepto contemporáneo de gobernanza se ha venido difundiendo ampliamente a partir de los años ochenta del siglo XX. El foco de atención de la gobernanza, no está relacionada ahora fundamentalmente a los actos y decisiones que realizan los funcionarios de un Estado, sino a otros actores no estatales. Se trata en gran medida de personas, instituciones y empresas de la sociedad civil. Entre estos actores de la gobernanza están muy destacadamente las organizaciones sociales, los mercados y las redes sociales. Estos actores que en principio no tienen poder político, entran en contacto en algún momento con las burocracias y aun con los legisladores, y logran establecer nuevas normas para lidiar con problemas importantes en las comunidades. La gobernanza tiene la misma raíz etimológica que gobierno e implica conducción social. Gobierno y gobernanza sin embargo, no tienen el mismo significado. Gobierno es normalmente el ejecutivo de un Estado, el que aplica la ley, persigue al crimen, pone castigos y otorga premios por ciertas acciones que realizan los miembros de una sociedad en términos negativos y positivos respectivamente. Gobernanza es un proceso en el que diversos actores entre los que se incluyen las burocracias y los funcionarios de un Estado, negocian y llegan a acuerdos para resolver un problema, o bien prevenir los daños que puedan causar ciertos hechos a la sociedad, abrir el paso a servicios de manera más eficaz y con costos menores, promover el mercado libre y el reconocimiento y protección de los derechos humanos. Gobernanza implica, en consecuencia, un conjunto de procedimientos que modifican o pueden modificar normas e instituciones de orden público.

Las negociaciones entre los actores de la sociedad civil o del mercado y los funcionarios del Estado, no solo son conducidas por actores públicos sociales y privados que se hacen cara a cara en forma presencial, sino que progresivamente conforme fueron avanzando la ciencia y la tecnología en materia de información y comunicación, esas negociaciones se impulsan por las redes sociales en el ámbito virtual.

Las normas y procedimientos de gobernanza surgen normalmente  de iniciativas sociales, no de actores u órganos estatales. También son propuestas por funcionarios o agentes de organismos internacionales como la ONU y sus agencias especializadas (UNESCO, OIT,OMS, PNUD, UNICEF, FAO, etc.). Y desde luego surgen también de los acuerdos o tratados internacionales.

Las normas de gobernanza tocan distintos ámbitos y requieren para su explicación de la colaboración de distintas disciplinas científicas, como las ciencias de la comunicación, economía, la administración, la ciencia política, la sociología, la antropología, la psicología, la lingüística y, desde luego, el derecho.

La gobernanza es un proceso normativo integrador que ha surgido como la idea de establecer normas y procedimientos con los que puede lograrse una conducción más atinada de la sociedad, utilizando cada vez más las tecnologías de comunicación, para permitir que se presten en principio mejores servicios, pero progresivamente se desarrollen mejor las personas y los grupos sociales y se respeten los derechos humanos de las diversas generaciones. Estas nuevas formas tienen la condición de que son eficaces para hacer más fácil el entendimiento entre grupos, naciones y avanzar en el desarrollo de relaciones virtuosas entre personas, instituciones públicas y privadas y entre grupos sociales para propiciar su colaboración y finalizar con sus conflictos.

En este proceso no sólo hemos visto la erosión de la soberanía de los estados nacionales sino la modificación de sus sistemas de normas, generada por el establecimiento de disposiciones que no se gestan al interior de los Estados nacionales sino en las relaciones internacionales o transnacionales.

Mark Bevir en la Encyclopedia of Governance, nos dice que “La literatura de la nueva gobernanza ilumina el rol de los mercados, redes y actores no estatales. La gobernanza debilita la distinción entre Estados y otros dominios del orden social. Todos los regímenes sociales y políticos parecen depender de un patrón de reglamentación o forma de gobernanza, no importando cuan informales puedan ser. Entonces el término gobernanza ha pasado a referirse a los órdenes social y político distintos del Estado.”

La gobernanza se gesta y desenvuelve ampliamente en tiempos muy marcados por la globalización y se refiere a muy distintos ámbitos públicos y privados de las relaciones sociales. En realidad no es una forma nueva stricto sensu. En cierto sentido es un procedimiento materialmente legislativo que han desarrollado los sistemas de derecho consuetudinario: se van dando prácticas reiteradas (inveterata consuetudo) que las comunidades han consensuado y, después de un tiempo, la repetición de casos que juzga algún tribunal u otra instancia pública institucionalizada y emite resoluciones en el mismo sentido, se crea la norma jurídica (opinio juris). La opinio juris en el caso de la gobernnza que se desarrolla en la actualidad, se logra no como la jurisprudencia, con la repetición de casos (reiterata consuetudo), sino con negociaciones y acuerdos entre los actores de la sociedad civil y las autoridades del Estado, sean estas del ejecutivo o del legislativo.

Las normas e instituciones que gesta la gobernanza también surgen y se imponen por el valor intrínseco que se advierte en esas normas. O dicho de otra manera, por los beneficios que reporta a las comunidades y a los seres humanos individuales, el seguimiento o la aplicación de esas normas.

Desde el punto de vista económico, en los acuerdos y procedimientos diseñados para lograr gobernanza, interviene no sólo y a veces ni principalmente, el Estado, sino el mercado concebido en sentido amplio y no meramente mercantil o generador de ganancias económicas. La perspectiva económica de la gobernanza descansa en alguna medida importante en la teoría de la elección racional (rational choice). Un teórico notable de la gobernanza, Mark Bevir, apunta:

“Algunos patrones de la regulación aparecen en la sociedad civil. El más discutido de todos es el de la gobernanza corporativa, que se refiere a los medios de dirección y control de las corporaciones de negocios (…) Los teóricos de la “elección racional dan respuestas a cuestiones sobre los orígenes de las normas sociales, leyes e instituciones. Pero la fuente principal de interés en la gobernanza corporativa es probablemente pública, de accionistas y conciernen a lo gubernamental, de escándalos, corrupción y abuso del monopolio del poder y de los altos salarios pagados a los ejecutivos.”

Los científicos sociales, Berggruen y Gardels, la han conceptualizado  de la siguiente manera: “La gobernanza versa sobre la forma en la que se han de alinear los hábitos culturales, las instituciones políticas y el sistema económico de una sociedad para darle a su pueblo la buena vida que desea. La buena gobernanza se da cuando estas estructuras se combinan para establecer un equilibrio que genera resultados eficaces y sostenibles en interés común de todos. La mala gobernanza se da cuando las condiciones subyacentes han cambiado tanto que prácticas antes efectivas se vuelven disfuncionales o cuando adviene la decadencia a raíz de la dominación de intereses particulares organizados (o las dos cosas)”

La Enciclopedia de Gobernanza, nos dice que este ámbito normativo está ubicado más allá del Estado, aunque conectado de distintas maneras con él: “La literatura de la nueva gobernanza, echa luces sobre el rol de los mercados, las redes sociales y los actores no estatales. En ella se describe el debilitamiento de la distinción entre Estados y otros dominios del orden social. Todos los regímenes sociales y políticos parecen depender de un patrón normativo o forma de gobernanza, no importando cuan informal pueda ser. En consecuencia, el término gobernanza se refiere a un orden distinto del estatal. Estos patrones normativos surgen en la sociedad civil.”

Las normas, procedimientos y acuerdos de gobernanza empiezan a plantearse en el terreno económico y particularmente en las empresas privadas, donde los actores sociales operan en empresas que deciden su reglamentación interna libremente, como indica claramente Bevir. Aunque las normas que surgen en el ámbito privado, tienden muy pronto a incidir en la operación de las instituciones públicas y en las de interés social.

Si la gobernanza empieza a manejarse en el ámbito de la microeconomía, el impulso que le dan los actores sociales, particularmente la sociedad civil organizada, avanzan muy rápidamente sobre los espacios públicos y las instituciones públicas, que hasta fines del siglo XX dependía de los Estados nacionales.

 

  1. Gobernanza global

Los seres humanos tenemos en nuestra naturaleza dos tendencias: una en la que incorporamos la hostilidad contra nuestros semejantes, la competencia con ellos y hasta los conflictos violentos, armados de diversas magnitudes; y otra que nos lleva a la cooperación, la amistad, y la responsabilidad de unos con otros, o solidaridad. Esta última tendencia es la que debemos fomentar para llegar a una gobernanza, capaz de conducir a todas las sociedades del globo.

Luego hay que entender el proceso de debilitamiento que los Estados nacionales han venido experimentando, marcadamente por el proceso de globalización. Finalmente llegamos hasta las primera décadas del siglo XXI y encontramos que en nuestro planeta se registran poco más de 200 Estados nacionales, 194 de los cuales están inscritos en la ONU como miembros. En el siglo XX empezaron a concretarse Uniones de Estados que buscaban preservar la paz y desarrollar procedimientos para prevenir los conflictos bélicos entre países o regiones del planeta. Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se forma la Liga de Naciones con este propósito. Ya Emmanuel Kant, en su ensayo La Paz Perpetua, había previsto desde finales del siglo XVIII (1795) la formación de una Confederación de países para mantener la paz.

Para llegar a la gobernanza global, es conveniente trazar un recorrido de los grupos humanos que se formaron por miles en la prehistoria por miles y miles, para advertir un proceso magno que implica la acumulación de muchas experiencias durante milenios y la formación paulatina de entidades políticas que se convirtieron en Estados-Nación. Es importante para ubicarnos revisar los dos grandes guerras llamadas mundiales, la primera en la que se enfrentan poderosos Estados nacionales (1914-1918). Al término de ella  se forma la Sociedad de naciones para tratar de preservar la paz. Esta organización no consigue sus propósitos, y resurge la tendencia violenta en la Segunda Gran Guerra del siglo pasado (1939-1945), en la que se enfrentan dos coaliciones de países; una de los llamados países del Eje, Alemania, Italia y Japón, que pretenden formar una fuerza política y dominar al mundo. A esta segunda fuerza se enfrentan Inglaterra, Francia y otros aliados, que buscan sostener una organización libre, a la que se suma la potencia mayor del planeta que son los Estados Unidos de América, hasta derrotar a los países del Eje. En la posguerra se forma la Organización de Naciones Unidas (ONU) que podemos ver como un embrión del Estado mundial. Esta Organización se mueve en un contexto bélico que se ha llamado la guerra fría entre las dos potencias que se forman después de la segunda gran guerra, que son los conjuntos de países capitalistas occidentales encabezados por Estados Unidos y los países socialistas encabezados por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que se mantienen en pugna ideológico-política abierta y también de soterrada violencia, hasta la precipitación de estos últimos que empieza con la caída del Muro de Berlín, marcando la frontera física y política de los países enfrentados en la guerra fría. Pasamos así de la bipolaridad, es decir la existencia de dos potencias formadas por conjuntos de países, enfrentadas durante la segunda mitad de la década de los años cuarenta y el final de la década de los años ochenta del siglo XX. Desaparece uno de los polos y queda vigente el conjunto de países capitalistas con regímenes políticos liberales. Se constituye así una sola potencia integrada por este último conjunto de países poderosos y se inicia el proceso de globalización al que ya nos hemos referido. Poco a poco se van formando nuevos polos de poder y desarrollo, que se enfrentan ya no bélicamente sino económicamente. Ese enfrentamiento se da muy sensiblemente en el área comercial y financiera y, en forma menos perceptible pero más profunda, en el ámbito cultural. Empezamos a arribar así a la multipolaridad. La Unión Europea que viene de la Comunidad del Carbón y el Acero y de la Comunidad Europea, es un polo notorio que se fortalece con la unificación de las alemanias oriental y occidental, que se convierten en el país que, junto con Francia, conducen a este conjunto de países que hoy en día son 28. Por el lado de Oriente, en el contingente asiático se van formando potencias económicas, con Japón como el país más avanzado que se organiza con patrones occidentales y liberal capitalistas, en lo económico y en lo político, hasta la declinación relativa de este país y el surgimiento de China como la mayor potencia de Oriente, que sostiene una nueva forma de organización económico-política que se llama “socialismo de mercado”. Ahora la nueva bipolaridad es la que representan Estados Unidos y China. Ellos curiosamente no se plantean una competencia bélica, sino económica en sus ángulos comercial y financiero. Ahora estas dos potencias se han convertido en socios económicos como lo deja ver con claridad el libro citado Gobernanza Inteligente para el Siglo XXI.

Lo que se destaca es que tanto la guerra como la paz no son cuestiones que se dirimen por países aislado o en forma bilateral entre dos Estado-Nación, sino que después de los grandes conflictos bélicos del siglo XX, los acuerdos tienden a ser mutiestatales y multinacionales. Tanto la formación de la Sociedad de Naciones de la primera gran guerra, como los de la segunda, son tratados de grupos cada vez mayores de países. La formación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, puede ser vista a mi juicio como un claro antecedente en la organización de un Estado mundial, tema al que me referiré en el último apartado de esta Unidad.

En cuanto al ejercicio cada vez más ineficiente de la soberanía de los Estados-Nación, dice Francis Fukuyama:

“Se reportó en los años noventa del siglo XX que se estaba experimentando el ocaso de la soberanía. Los poderes políticos tradicionalmente ejercidos  por los Estados, estaban siendo minados por las nuevas tecnologías de información. Estas tecnologías establecían fronteras imposibles de vigilar y las reglas para su control por los Estados nacionales se podían aplicar difícilmente. Algunos activistas, líderes en internet, como John Perry Barlow de la Fundación de la Frontera Electrónica (Electronic Frontier Foundation) lanzaron una “Declaración de Independencia del Ciberespacio”, donde los gobiernos de los países industriales eran advertidos: `no son bienvenidos con nosotros. Ustedes no tienen soberanía que ejercer.´ La economía global capitalista, reemplazará la soberanía que ejercen  los gobiernos democráticos, con la soberanía del mercado…”

El área de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías de información, es una en la que se desarrollan prácticas y elaboran protocolos en el ámbito privado. Aquí empieza a aparecer un rasgo nuevo de la gobernanza que es su aspecto global.

Los seres humanos somos o nos hacemos sociables en el curso de nuestra evolución. Esa sociabilidad la construimos cooperando y acordando conductas que formulamos en normas. Esas normas son en un principio sencillas y se van haciendo cada vez más complejas, conforme las comunidades crecen. Eso hace posible que las acciones individuales y algunas colectivas se desarrollen en paz y con una cierta seguridad. Aunque las normas puedan estar basadas en una cierta racionalidad, al principio están basadas en emociones tales como el orgullo o la vergüenza, la rabia o la culpa. A las normas se les otorga un valor intrínseco y pasan a formar parte del sistema normativo en una o varias sociedades nacionales.

Thomas G. Weiss, dice que el concepto de gobernanza global ha reemplazado al de “estudios sobre el orden mundial”, que se había venido usando en la segunda mitad del siglo XX. Este último concepto visto sobre todo desde el lente de las relaciones internacionales, había perdido de vista algunos ángulos importantes de esas relaciones, como son la variedad de actores, las redes y otros aspectos de las relaciones que ha puesto de manifiesto el proceso de globalización (…Este autor dice que la gobernanza global) “capta el conjunto de relaciones interdependientes, en la ausencia de una autoridad política suprema.”

Thomas Weiss sugiere que la gobernanza global, es producto de un matrimonio entre la teoría académica y la política pública práctica. Según el mismo autor ese matrimonio se realizó en los años noventa del siglo XX. Y argumenta que al final de la guerra fría, se abrió la oportunidad para la creación de un nuevo orden mundial.

 

  1. Estado Constitucional y Gobernanza Global.

El Estado Constitucional es una figura establecida por la Teoría de la Constitución, que se presenta como el ideal de organización política en una nación. Es ideal en dos sentidos: 1) porque es producto de una abstracción y a la vez un programa de los objetivos que se quieren alcanzar, y 2) Porque se le considera capaz de garantizar y proteger los derechos humanos, los de las personas y de los grupos sociales en un país, dividir el poder público de tal manera que ningún órgano del Estado disponga de más fuerza que la necesaria para cumplir sus funciones y exista un equilibrio democrático entre ellos. Al Estado Constitucional se han referido juristas como Maurice Hauriou, Hermann Heller, Carl Schmitt, Karl Loewenstein, Pedro de Vega y Peter Häberle para mencionar algunos muy destacados. Se le considera como la entidad más desarrollada y avanzada.

Para Hermann Heller, “El Estado es una forma organizada de vida, cuya Constitución se caracteriza no sólo por la conducta normada y jurídicamente organizada de sus miembros, sino además por la conducta no normada, es decir, por la real, aunque si normalizada, de los mismos.”

“Normalizada” en la visión sociológica que Heller, es una norma se establece en forma clara y permanente por la práctica y no por el legislador estatal, lo cual no excluye que también pueda ser establecida después de su normalización, por algún órgano del Estado, sea este legislativo o jurisprudencial. Este concepto de la “normalización”, de una norma o de un conjunto de normas, podemos verlo con un anticipo del proceso descrito en el que se forman normas de gobernanza.

Para Pedro de Vega, El Estado Constitucional se forja, inicialmente en los Estados Unidos, después de su declaración de independencia. Y después en Francia en la Convención francesa  que convocan los revolucionarios después de hacer la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” en 1789. El proceso instituyente tiene el siguiente curso: primero se identifican los derechos humanos naturales que se van a insertar. Luego se llega a un pacto social que los nuevos actores políticos conciertan (contractualismo) en el Parlamento; ese pacto también se incorpora a la Constitución. Este constitucionalista español nos dice:

“Desde los presupuestos establecidos por la impresionante formulación teórica el iusnaturalismo contractualista, la lógica del Estado Constitucional que pusieron en marcha los procesos revolucionarios burgueses no podía resultar más sencilla y más clara: en virtud del principio democrático, el pueblo como titular del poder constituyente soberano del Estado era el único encargado de elaborar y aprobar la Constitución.” Con el tiempo, sostiene de Vega, “El principio de la soberanía popular se transforma en el principio jurídico de la supremacía constitucional.”

Para el constitucionalista alemán Carl Schmitt, la Constitución es el alma del Estado. Se trata de una metáfora tomada de Aristóteles por el jurista germánico. Desde la referencia aristotélica la Constitución que se identificaba como Politeia y era el fundamento del Estado, la energía que le daba vida y sentido a la organización política. La concepción de Schmitt es planteada explícitamente como la del Estado liberal burgués de Derecho en el primer cuarto del siglo XX, aunque está claramente fundada en las revoluciones estadounidense y francesa y en las constituciones que surgen de ellas.

Peter Häberle es el autor contemporáneo que nos da la más amplia explicación del concepto. Explica que el Estado Constitucional se compone de elementos ideales y reales, y apunta que ese tipo de Estado es el diseño de una entidad política óptima, que no se ha logrado alcanzar que en ninguna organización estatal de pueblo alguno. El Estado Constitucional es para Häberle una aspiración; es la formulación de una voluntad creadora hacia el futuro que se busca en cada país atendiendo a tres elementos fundamentales:1) la dignidad humana como premisa mayor. Esa dignidad se puede realizar a partir de la cultura de un pueblo y de los derechos universales de la humanidad, vividos en la individualidad de ese pueblo. 2) el principio de soberanía popular entendida como fórmula que caracteriza la unión renovada en la voluntad y la responsabilidad pública. Y 3) la Constitución es vista como contrato que se plantea fines educativos, valores orientadores, la división de poderes y los principios del Estado de Derecho, del Estado social y del Estado de cultura abierto, las garantías de los derechos fundamentales, la independencia de la jurisdicción y la organización democrática constituida por el principio del pluralismo. El Estado Constitucional se plantea como una conquista cultural de la civilización universal

El Estado Constitucional es un tipo ideal puro en términos weberianos, que tiene su fundamento en dos cimientos: la historia y la cultura de un pueblo y las reflexiones de los grandes filósofos del derecho. La Constitución de esos estados debe contener un catálogo de derechos de la persona y de los grupos, sectores o clases sociales. El Estado Constitucional establece el principio de la tolerancia o aceptación de que pueden coexistir distintos credos religiosos y diversas formas de pensar y éstos deben respetarse entre sí. Es decir, el Estado Constitucional prescribe un régimen plural y tolerante. Esta formulación principalmente hecha por Häberle, la encontramos a finales del siglo XX y principios del XXI y supera en diversos aspectos al planteamiento del Estado liberal burgués de Derecho, para ubicarse en diversos sentidos como Estado social (de Bienestar) y cultural abierto

 

  1. ¿Puede haber un Estado Mundial o Global?

Podemos registrar en varios momentos de la historia intentos de formar un

Estado que dominara a todos los existentes en el mundo. Las experiencias de conquista de Alejandro Magno de Macedonia para conquistar y gobernar a muy diversos estados del mundo antiguo o la extensión del imperio romano que organizó un Estado que dominó con sus ejércitos y sus leyes al mundo conocido, los intentos de Napoleón por erigirse en la autoridad mundial a partir de su imperio en Francia que se extendió a varios países de Europa, o el dominio de la Alemania Nazi que también tenía pretensiones de dominar al mundo, son algunos de los antecedentes que tenemos, sobre la tendencia a formar un Estado mundial. Pero todas esas pretensiones estuvieron marcadas por un afán autoritario. En general buscaban establecer una dominación en la que buscaban los Estados dominadores y sus líderes, era la implantación de regímenes autoritarios o totalitarios. Lo que se viene planteando en las últimas décadas del siglo XX y se sigue desarrollando en la actualidad es la formación de una autoridad planetaria que se integraría a partir de un proceso de decisiones democráticas. Por tal razón  el Estado mundial que se busca debe ser constituido como una autoridad democrática, que abandone el gobierno unipersonal que conduce a las dictaduras y establezca un gobierno de tipo parlamentario o que tenga una dirección colectiva en la que estén representados los distintos intereses.

La concepción de gobernanza, que nos presenta el politólogo vasco contemporáneo Daniel Innerarity, nos permite ver una perspectiva nueva de la política; porque la política misma ha cambiado y ya no sirve para lo que antes servía. Debemos transponer lo que era válido -recomienda ese politólogo-  en el ámbito del Estado a las nuevas realidades globales o atemperar el ejercicio del poder para que sea aceptable en las sociedades más activas.” Porque estamos ante un cambio de época que es, en alguna forma, semejante al tiempo político que se vivió hace cuatro centurias cuando empezaron a formarse los Estados nacionales. “Lo que está produciendo ese cambio son unas transformaciones insólitas en las formas institucionales, instrumentos y mecanismos de coordinación gracias a los cuales las sociedades actuales intentan resolver sus problemas colectivos y proveer los bienes públicos -nos dice Innerarity-. Podemos calificarlos de cambios irreversibles, que no obedecen a una moda pasajera, sino a cambios estructurales, como la globalización de la economía, la configuración de sociedades del conocimiento, la individualización de los estilos de vida, la sociedad del conocimiento…”

Contar con una Constitución Mundial -como señala Kant – es un elemento que fundamenta y da sentido a la formación de un Estado con autoridad global.

Hay autores que sostienen que vamos en camino irreversible para formar un Estado Mundial. Tal es el caso de Alexander Wendt que argumenta que es inevitable dicha formación, dando seguimiento a una serie de tendencias que se registran en la historia política reciente de la especie humana. Wendt nos habla de cinco etapas en las que se va concretando cada vez más claramente la formación de un Estado planetario: 1) Formación de un sistema de Estados, 2) una sociedad de Estados, 3) una sociedad mundial, 4) El establecimiento de la seguridad colectiva en todo el orbe, que implica la formación de una fuerza capaz de asegurarla y 5) El Estado Mundial. La teoría de Wendt puede ser muy discutible, pero ciertamente recoge tendencias importantes dignas de analizarse. Él mismo no se compromete a dar un tiempo para que se recorran estas cinco etapas, pero en algún momento arriesga un cálculo que es de 100 a 200 años, con lo cual nos da una idea de que este es un objetivo a muy largo plazo de la especie humana.

Me parece que lo que puede sostenerse es que los Estados no sólo amplían cada día más sus funciones y sus órganos, sino que se han empezado a formar embriones de Estados regionales que incorporan diversos países y crean entidades públicas, para desarrollar funciones que podemos llamar estatales. Estas funciones las ejercen en amplios territorios y tienen la fuerza y la legitimidad para imponer sus decisiones. El caso más notorio y avanzado es el mencionado de la Unión Europea (UE), que ha desarrollado organismos públicos comunitarios y derecho  europeo vigente en toda la Unión. El Parlamento Europeo legisla en algunas materias en forma vinculatoria para todos los Estados nacionales que forman dicha Unión. Esta es la forma previsible en que se puede ir dando la formación de Estados regionales que pueden desenvolverse como confederaciones o federaciones. Peter Häberle nos habla ya del “Estado Constitucional Europeo” y afirma que,

“En el Estado constitucional europeo se tiene un puntal: con propósitos cosmopolitas y con consecuencias cosmopolitas.”

El proceso que sugiere Häberle es el de la formación de confederaciones y federaciones de Estados nacionales, que acepten una serie de principios, elaboren una Constitución global que reivindique la defensa de los derechos humanos que todas las personas tienen y los órganos encargados de protegerlos a nivel mundial. Para ello se requiere la formación de una ciudadanía global que sea consciente de sus derechos y también sea capaz de aceptar y apoyar órganos públicos que los protejan y los reivindiquen. Aparentemente esa es la base fundamental para lograr un Estado mundial. A partir de esa base se puede pesar en irlo dotando de funciones en otras áreas, como el desarrollo cultural, educativo y económico de los pueblos.

El Estado Mundial, o si se quiere una autoridad planetaria que promueva y defienda los derechos humanos, puede irse formando sucesivamente por confederaciones regionales hasta llegar a una Federación Mundial, con propósitos y fines comunes a todas ellas.

Una condición de considerarse es que el Estado mundial no atendería todo tipo de asuntos, sino sólo aquellos que consistieran en peligros o problemas que atañen al planeta, especialmente los problemas que atañen a la tercera generación de derechos humanos como son la protección de la biodiversidad, el calentamiento global, el hambre y la desigualdad que padecen seres humanos de los cinco continentes, protección a los derechos de las minorías, igualdad de género. Los derechos humanos de la primera y segunda generación, en principio, debieran ser atendidos por las autoridades nacionales mientras se mantienen y por las locales que, aparentemente se mantendrán en pie para atender los asuntos y dirimir los conflictos que se den en sus comunidades.

El Estado Mundial debe tener órganos ejecutivos, legislativos y jurisdiccionales. Estos últimos ya han venido teniendo una actividad notable (Tribunales regionales que dirimen conflictos y atienden demandas en regiones enteras del planeta, El Tribunal Internacional de la Haya, etc.).

Finalmente cierro por ahora este tema con la referencia a una organización que promueve un Parlamento y una Constitución mundiales, que deben ser promovidos por una federación que reúna a todos los países del orbe, a fin de que nuestro planeta se desarrolle en paz, teniendo en cuenta que la humanidad hoy en día ha llegado a un punto en la historia en que la conciencia de los seres humanos se pone nuevamente en el camino de buscar en paz la prosperidad, la justicia y la armonía, promovidas por la solidaridad.

Los principales objetivos de este Estado formado por confederaciones son como los que tuvieron la Sociedad de Naciones después de la primera guerra mundial y los de la segunda tras la cual se formó la ONU: el establecimiento y preservación de la paz en el mundo. Pero a este propósito han agregado otros como son la solución de los problemas del medio ambiente, la preservación de la biodiversidad, el desarrollo económico y social, la impartición de justicia y el combate al crimen organizado. Esta agrupación internacional ha formulado y está promoviendo una Constitución para el mundo (The Earth Constitution). Tiene oficinas generales y en tres regiones o ciudades de Costa Rica, Catalunya e India tiene organismos que promueven todo el proyecto que puede conducir a un Estado global en el largo plazo. Y en el mediano, a autoridades multinacionales capaces de proteger los derechos humanos e impartir justicia auténtica.

Quisiera agregar cuatro preguntas para autoevaluación que hay en las unidades anteriores. Estas preguntas serían:

  • ¿Es la gobernanza un conjunto de acciones que llevan a cabo los gobierno o hay otros actores que participan en ella?¿Cuáles son estos?
  • ¿En qué consiste la gobernanza global?
  • ¿Qué opina sobre las formaciones (Uniones, federaciones) de Estados nacionales?
  • ¿Considera que es posible en el largo plazo la formación de un Estado Mundial o le parece un planteamiento idílico?

Planteo además a la Editorial, que se agreguen algunos libros a la Bibliografía que tiene mi texto Teoría del Estado. Se los enuncio a continuación:

 

A Constitution for the Federation of Earth. Se encuentra en el Portal de

World Paliament, webmaster@worldparliament-gov.org

-Aguilar, Luis F., Gobernanza y Gestión Pública, FCE, México, 2011

-Bevir, Max  (Editor), Encyclopedia of Governance, University of California,

Berkeley, Sage Publications, 2007.

-Fukuyama, Francis, The Origins of Political Order: From Pre-Human Times to the

 French Revolution, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2011.

-Fukuyama, Francis, Political Order and Political Decay, From The Industrial

Revolution To the globalization of Democracy, Farrar, Straus and Giroux, New York,

2012

-Fountain, Jane E., La Construcción del Estado Virtual, CIDE, México, 2013.

-Häberle, Peter, “El Estado Constitucional Europeo,  en el libro La

 Constitucionalización de Europa, que se encuentra en la

Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.

-Kant, Immanuel, La Paz Perpetua. Este texto ha sido publicado por varias

Editoriales en diversos idiomas. En Español se puede obtener una versión digital

facilitada por el Instituto Miguel de Cervantes, en su Biblioteca Virtual Universal.

-Pinder, John & Usherwood, Simon, The European Union, a very short introduction, -Oxford University Press, United Kingdom, 2013.

-Yunker, James A., The Idea of a World Government, from ancient times to the

Twenty  First Century. Routledge, New York, 2011.

-Weiss, Thomas, Global Governance, Why What Wither, pdf.

World Parliament, webmaster@worldparliament-gov.org

Tercera edición 2019

 

 

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